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Mirar y Dejar

(Barcelona Mayo 2018. Soliloquio a dos voces.
Ejercicio de Escritura Teatral para Dirección y Dramaturgia)

 

Estaba tan cerca…          No pude despedirme

Miré al Final fijamente, y entonces, comenzó a alejarse

– Era un final con F mayúscula –

Esa mirada suya               La olvidaré un día             ?

Me pregunto cuantos quedaremos.    ( Hablar en plural ahora, es una provocación)

Ha sido largo el viaje                     Y oscuro.

Sé que la caída es infinita, y no hay tiempo        Es inmenso ese silencio

Ensimismarse, se dice así?      Ensimismarse es abandonar

Abandono entonces

Me miro desde adentro

Siento que algo respira allí, donde no entiendo

Estar viva aún es una sorpresa

Lo que importa es         R  E  S  P  I  R  A  R.

Te acuerdas?

Aún estoy aquí

Me estoy acostumbrando a este vértigo.

Adicta al temblor de lo nuevo, a los minutos frescos,

al momento que parece un aurora enceguecedora

Instantitos impalpables como el azúcar, esa más blanca y suave; volátil

Eso, un sol blanco enorme como de azúcar glas, todo dentro.                     Vertiginosa yo

Me dejo habitar como si fuera una casa, un solar… un “pisito” con posibilidades

La risa y la congoja, me sorprenden todavía. Sólo esto me queda.

Debería abandonar su mirada de una vez.                       Abandónica yo

Cariño mío, te fuiste.

No somos nuestros, ni de nadie. Pero elijo llamarte así: “mío”

Aunque sea sólo el instante en que lo pronuncio; equivocada y llena

Lo diré en mayúsculas: M·Í·O.                                  Otra vez errónea yo

Estoy lista. Ya he recorrido mis desiertos.

Abro los ojos y no reconozco nada

Ese es el problema de ser propensa a los cambios

De insistir en la revolución

El renovarse tiene consecuencias

Estoy en el umbral de lo que falta.

Todo me aburre, sin embargo ni ciega me estaría quieta.

Estoy en la frontera del todo y nada. Me pican las manos

Creo que el día se deRRRRama ante mi y yo no puedo sostenerlo.

Lo dejo ser,

lo dejo iiiiiiiiiirse

Estoy ensolezada. Se dice así?

Es como haberse tragado al sol      Amaneciéndome encima

Tantos porqués náufragos,        huérfanos

Bajo mis pies no hay nada,        solo sol

Si no encuentro el Final                -ese con F-           me lo inventaré

Ya he visto lo que quería ver. Se acordarán de venir a buscarme?   ( Hablar en plural ahora, es una rendición)

Todo es un engranaje:

un nudo, una pieza, un punto por donde se tejen vidas

hilos que rodean, enlazan, sostienen.

…si se trata de tocar fondo, me suena, lo he visto, creo que lo conozco

La ‘cornisa’, esa palabrota.      O ‘abismal’,       como me encannnta

Abismadora, encornisada       Me lo invento como quiero

Y mira que he dormido en camas distintas,

y mira que tengo sellos en el pasaporte

y mira que he naufragado veces

Estoy lista.          Incluso diría que estoy respirando bien

Se parece al vacío, como antes de despegar, como cuando tienes el impulso

Éeeeeese impulso. Ese aRRebato iRRefrenable. Todo con RR doble

Como enrrrrredarse y tener arrrrrrugas y arrrrrodillarse … Marravilloso!

Tengo las manos llenas, como los ojos

Por suerte  todo se renueva si no, no me cabrían los instantes

Un poco de amnesia va bien; no hay quien administre tanta cosa.

Tal vez el parpadeo sea un reset pequeñito, a medida de lo visto,

Siempre haciendo hueco para lo que sigue

inalterable, involuntario, imprescindible

No se si alguien mira.    Mientras tanto me dejo llevar. No hay nada como dejarse.       Dejar ser

Afuera están los otros, las otras, los ellos,

los cuales, los cuantos, las quienes

Afuera hay testigos.

Respiran? miran a través de su filtro,       de su red,     de su paisaje

Siento un Deseo flotante dentro.                             Con D mayúscula

Como cuando la gente escribe la palabra Dios.

Un señor o señora Deseo

Un deseo empedernido,              Tozudo                   Tozuda yo

Yo voy a desnudarme.

Ignoro el ultraje de los que miran con ojos-ácidos

ojos-máscara,  ojos-especuladores,    calculadores de pacotilla

Cada quien tiene sus cosas       Su territorio

Si me acordara de todo, sería diferente.            O imposible

Mi amnesia me salva

No hay gravedad              Sigo y no hay caída.

Todo se expaaaaaaande

La gravedad es la única mentira

Y en la cima de todo: el aliento

La ausencia habitable, atravesable,           violable,               arrebatable

Ser ventana, ser casa, ser puente es lo que puedo.

Huérfana.            Entusiásmica yo

Cerraré los ojos de una vez.

Algo se acaba y …. Llegar al Final y…

Entender que hay más alládelalládelalládel…

Ver que bajo la capa externa de la piel hay otra y otra y…

Una vida entera por estrenar

Respirar               Por un instante o lo que sea que dure

Mirar                 Han llegado

( Hablar en plural ahora, es una despedida)

Estoy lista

La Bandada (L’estol)*

El aire que te envuelve.

Lo respiras. Te das cuenta?

Una inercia transparente te sostiene.

Lleva tu anatomía mecánicamente,

hacia donde la memoria te está esperando.

Un sincrónico aliento conmueve

desde la médula hasta el infinito,

mientras repites la frase para la que llegaste aquí un día:

…nacer…ser…acontecer…

…nacer…ser…acontecer…

Una mas de la manada, del racimo,

del cardumen, una mas del rebaño,

de la bandada, allí aleteando,

imprescindible y fugaz.

Inconsciente del suspiro, del salto, de la mirada.

Todo es juego, gesto, risa, abrazo.

Todo es final.

Te delata, si,

acompasando el despliegue de alas

y varias complicidades complicadas.

Vé mas allá, encontrarás tu reflejo

en el abismo del inconcebible futuro.

La ruta aún por recorrer,

en el vértigo de azules violentos y amorosos

que te hacen, te construyen, te revelan

que sin ti no hay nada, que esto no existe.

Estás allí, de pie,

agitada y llena de kilómetros y hambre,

toda una pulsión de sangre inexplicablemente viva,

sin estrategias para volver a comenzar

por donde se ha desgarrado el tiempo y el viento

hace ya eternidades.

Tu fugacidad es palpable.

Por eso vuelves, vuelas, vuelves, vuelas.

Estas allí, en el medio de todo lo demás,

y no eliges. Tal vez es sincronía necesaria,

más allá de ti pero contigo.

Se sugiere un atisbo de la comisura de tu sonrisa,

de la mirada única de la que eres dueña.

Ese tono irrepetible que se diluye en el conjunto

para tener sentido y sostener otra vez

el inevitable silencio entre guerra y fiesta.

Te pronuncias poderosamente

ofreciendo el pecho, las manos,

y ese brazo-ala en el que otros se cobijan.

Y una mañana estás aquí, mientras el aire te envuelve,

cuando el tiempo se prepara un café

para hablar seriamente contigo y entonces,

sin saberlo, en silencio,

decides que si, que puedes irte.

***Texto inspirado en “L’Estol”, título de la pieza de danza de la coreógrafa Roser López Espinoza, interpretado/danzado por l@s bailarines de la reciente Producció Nacional de Dansa en Barcelona.

elhilo (2da parte)

VI

Me miro, otra vez desde adentro,

aquí, tan abajo, tan cálido,

tantos hilos que me rodean,

me comunican, me enlazan;

no entiendo nada a pesar de lo recorrido.

VII

Vidas enteras aquí.

Soy nueva en cada cuerda,

en cada parpadeo,

en cada giro,

en cada caída.

Por eso sigo.

Me dejo acariciar por la sorpresa y

reconozco el precipicio de los principios.

VIII

Sé que es largo el espacio y siempre cambia de forma.

Inalterablemente sorpresivo.

Cierro los ojos entonces.

IX

Llévame tú ahora,

quiero escucharte en el ruido embriagante de ir batiendo las alas.

Flotante deseo empedernido de ti.

Sube, escalera, engranaje, hilos.

Tomo de la cima tu aliento,

llamo tu nombre.

X

Se sigue el camino sola,

y en el paisaje están los otros:

testigos que respiran ausencia,

miran a través de sus redes,

de los vientos que desnudan mi carta,

te despeinan,

me ultrajan.

XI

No sé el nombre de lo que me sostiene, pero tiene piel de nada.

Ya me he fundido en sus cuerdas, de mi misma atrapada.

Estoy lista, ya lo he dicho.

Mi red de memoria bajo esta línea me salva.

Viaje Sideral

Hoy un lunes acaba de iniciar, son las 0:33 de la noche, o de la mañana, no sé como se dice.
 
Anna, te has ido hace unas horas.
O algo de ti se ha transformado.
Tu cuerpo ya no contiene tu alma dentro.
Te imagino en un viaje,
una cápsula de tiempo que te lleva lejos y cerca a la vez.

Es tan paradójico llorar y celebrar al mismo tiempo una partida.
Porque se acaba el dolor,
pero uno quiere poder verte, saberte aquí.
Es difícil dejar ir. Soltar.
Sólo de eso se trata.
Es el único y gran aprendizaje.

Anna, te has ido.
Has dejado una imagen grabada en mi memoria,
tu cuerpo alegre, bailando, como tanto te gustaba.
Te recuerdo allí, enorme, celebrando, 
compartiéndonos tu risa.

Eso es lo que duele dejar ir,
la imagen asociada al espíritu o como se llame,
sin eso que baila dentro ya no hay vida.
Y eras joven y bella y dulce.
Y mucho más.
Y entonces no entiendo.
Esa impotencia incomoda. 

Nada tiene un parámetro para ser comprendido
cuando no hay explicaciones suficientes.
Pero este regalo, éste que nos dejas,
me hace recordar el otro lado de la paradoja.
Tampoco sabemos por qué uno nace,
por qué uno está aquí…
Y aquí estamos!
Cuanta suerte tenemos si podemos respirar, abrazar, dar.

Anna, has dejado una sonrisa compañera,
tu generosa presencia inolvidable.
Esta transformación nos recuerda impotentes,
ante la naturaleza hermosa y grave.
Es difícil explicarlo, saberlo, asumirlo.
Estamos de paso.
Sólo eso.
Y es tan maravilloso como finito.

Tú con tus ojos y tu piel morena,
Tu pelo rizado y tu risa,
Tu abrazo y tu cercanía,
Tu Anna, no te has ido, te has transformado.
Nos queda un enorme espacio de ti, lleno.
Gracias por compartirlo con nosotros.

Buen viaje.

 

mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016
 
 
 
 

Entera

Dejo el detergente.
Una urgencia de vida, una nostalgia de abrazo,
un olor a óxido y un suspiro, me hacen pensar:
tengo que estar en otro lado.
Aquí no. O eso parece.
Venga, un plato más,
ahora que has empezado no vas a dejar esto a medias.
Y si me voy? Y si largo todo y canto?
Que pasa si ahora salgo a la calle y doy una vuelta.
y regreso luego a casa, toda yo -entera y media-

como si hubiera revolucionado el mundo.

Dale, déjate de tonterías y sigue lavando.
Pero que no estoy aquí, no estoy,
soy al menos quien siente esto,
soy los zapatos que salen a caminar,
o el lápiz que escribiría esto.

Cuanta fortuna la de sentir, la de poder elegir.

Soy una más con la prisa de la mañana, con la ropa por doblar,

con el trabajo que sobra, las ideas brillantes y el dinero que no alcanza.

Pero cuánta elasticidad en la materia
para hacer que nunca falte nada y a pesar de todo!

Pero cuánta retórica en una frase de unas cuantas palabritas!

Soy una más con las dudas de la tarde y el pelo suelto,
con el sulfito del vino del fin de semana dando vueltas aún en martes,

con la necesidad, alguna de ellas,
pero sin tiempo para saber de cuál se trata.

Pero cuántas ganas de bailar no olvidadas y esperando,
cuántas lecciones de filosofía inauditas
se esconden en los pliegues de la ropa

que a veces logro poner en el cajón que corresponde.

Antes pensaba ganar la carrera contra mis propias expectativas,
antes creía que llegaría muy lejos, pero no sé de dónde.
Antes consideraba que lo normal no era fantástico,

antes esperaba a que iba a ser algo que no soy.

Quería que una parte de mi fuera más valiente que ésta a la que he llegado,
ésta que se levanta cualquier día a las cinco de la mañana
para calmar una tos o volver a poner la manta en su sitio o

para ir a trabajar al teatro, sólo por que no sé si se repetirá jamás.

Quería que una parte de mi fuera más bella y atractiva que ésta,
llena de arrugas, redondeces y cosas sin simetría alguna,

que son tan únicas que al final me han acabado gustando.

Quería que una parte de mi fuera superior a mi
y que me llevara por el camino del éxito,
pero no sabía que éste existía,
no conocía el éxito del que ahora gozo,
mucho más relevante de lo que imaginaba,
que es el de saber mirar a los ojos a mis hijos
y sentir que “saben sentir” que lo único que me importa es esta mirada.

Quería que, pensaba que, imaginaba que.
Creía que tenía que llegar a algún lado.

Y ahora?

Con esta valentía que como mucho me permite un concierto de vez en cuando.
Con esta osadía que sale a toda costa a la aventura de comprar ropa
acompañada de los hijos que me quepan en la bicicleta.
Con esta belleza relativa que no atrae si no coincide
con otras hermosas geometrias redondas y asimétricas,
que están en las mismas y se reflejan en la risa, las carencias,
la mirada cómplice de cuanto nos resuena y se puede compartir.

Y ahora?

Que oportunidad ésta de desconocerme,

la de no saber la respuesta, la de no tener claro cómo hacerlo.

Que grande ser tan pequeña, tan igual y semejante

a estos otros animales con ropa que van por ahí
presumiendo de saber respirar como yo.

Que bien que puedo dejar la armadura de defensas fuera,
y de paso quemar todos esos contratos que un día hice conmigo misma,
de esos que decían que todo sería fantástico cuando creciera y tuviera familia,
y de paso quemar también el duelo que acompaña

a eso de dejar de pretender nada.

Que agradecimiento más grande siento
de toda esta vida implacable y desnuda.

Que maravilla la de no tener más argumentos para quejarme.

Apelo a nuestra estupidez, al menos a la mía,
para desde allí respetar el error,
la equivocación, la falta de tacto, la inocencia,

el miedo que sólo es desconocimiento.

Apelo a nuestra necesidad de ser amados, al menos la mía,
para desde allí entender por qué necesito que me respondas si te pregunto,

que me escuches si opino, que te sea relevante el coincidir, el encontrarnos.

Apelo a nuestras ganas de amar, al menos a la mía,
la defiendo, para desde allí aceptar por qué busco, por qué te necesito,
así sé que ya no hago nada sin ti,
sin el otro y la otra, los demás,

que somos bichos de relación, de vínculos.

Equivocándonos,
sorprendidas porque no lo esperábamos,
enfadadas porque no era lo que pensamos,
aturdidas porque no llegamos a todo,
tristes porque es diferente, porque se nos va el tiempo,
abiertas porque solo nos queda el entendimiento,
conciliadoras porque nos necesitamos,
comprensivas porque estuvimos alguna vez del otro lado,

amables porque sabemos amar más allá de lo que creemos saber.

Deja el detergente y los platos, míralos allí tan tranquilos.
La urgencia de vida también nos mira a los ojos.
El abrazo siempre será bienvenido,

y si no, que bien que lo demos igualmente,
hasta que tenga sentido,
sin lugar a dudas.

El olor a óxido al final se mezcla

con la opción reconfortante de la ventana abierta.
Puedo elegir.

Un suspiro nuevo, me hace pensar:

estoy aquí, no en otro lado. O eso parece.
Que afortunada!

Y ahora empieza todo. Todo el rato hacia cualquier parte.
Sólo sé que no voy a dejar esto a medias.
Voy a bailarlo, a sentirlo, a vivirlo.
Entera

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017