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mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016
 
 
 
 

Entera

Dejo el detergente.
Una urgencia de vida, una nostalgia de abrazo,
un olor a óxido y un suspiro, me hacen pensar:
tengo que estar en otro lado.
Aquí no. O eso parece.
Venga, un plato más,
ahora que has empezado no vas a dejar esto a medias.
Y si me voy? Y si largo todo y canto?
Que pasa si ahora salgo a la calle y doy una vuelta.
y regreso luego a casa, toda yo -entera y media-

como si hubiera revolucionado el mundo.

Dale, déjate de tonterías y sigue lavando.
Pero que no estoy aquí, no estoy,
soy al menos quien siente esto,
soy los zapatos que salen a caminar,
o el lápiz que escribiría esto.

Cuanta fortuna la de sentir, la de poder elegir.

Soy una más con la prisa de la mañana, con la ropa por doblar,

con el trabajo que sobra, las ideas brillantes y el dinero que no alcanza.

Pero cuánta elasticidad en la materia
para hacer que nunca falte nada y a pesar de todo!

Pero cuánta retórica en una frase de unas cuantas palabritas!

Soy una más con las dudas de la tarde y el pelo suelto,
con el sulfito del vino del fin de semana dando vueltas aún en martes,

con la necesidad, alguna de ellas,
pero sin tiempo para saber de cuál se trata.

Pero cuántas ganas de bailar no olvidadas y esperando,
cuántas lecciones de filosofía inauditas
se esconden en los pliegues de la ropa

que a veces logro poner en el cajón que corresponde.

Antes pensaba ganar la carrera contra mis propias expectativas,
antes creía que llegaría muy lejos, pero no sé de dónde.
Antes consideraba que lo normal no era fantástico,

antes esperaba a que iba a ser algo que no soy.

Quería que una parte de mi fuera más valiente que ésta a la que he llegado,
ésta que se levanta cualquier día a las cinco de la mañana
para calmar una tos o volver a poner la manta en su sitio o

para ir a trabajar al teatro, sólo por que no sé si se repetirá jamás.

Quería que una parte de mi fuera más bella y atractiva que ésta,
llena de arrugas, redondeces y cosas sin simetría alguna,

que son tan únicas que al final me han acabado gustando.

Quería que una parte de mi fuera superior a mi
y que me llevara por el camino del éxito,
pero no sabía que éste existía,
no conocía el éxito del que ahora gozo,
mucho más relevante de lo que imaginaba,
que es el de saber mirar a los ojos a mis hijos
y sentir que “saben sentir” que lo único que me importa es esta mirada.

Quería que, pensaba que, imaginaba que.
Creía que tenía que llegar a algún lado.

Y ahora?

Con esta valentía que como mucho me permite un concierto de vez en cuando.
Con esta osadía que sale a toda costa a la aventura de comprar ropa
acompañada de los hijos que me quepan en la bicicleta.
Con esta belleza relativa que no atrae si no coincide
con otras hermosas geometrias redondas y asimétricas,
que están en las mismas y se reflejan en la risa, las carencias,
la mirada cómplice de cuanto nos resuena y se puede compartir.

Y ahora?

Que oportunidad ésta de desconocerme,

la de no saber la respuesta, la de no tener claro cómo hacerlo.

Que grande ser tan pequeña, tan igual y semejante

a estos otros animales con ropa que van por ahí
presumiendo de saber respirar como yo.

Que bien que puedo dejar la armadura de defensas fuera,
y de paso quemar todos esos contratos que un día hice conmigo misma,
de esos que decían que todo sería fantástico cuando creciera y tuviera familia,
y de paso quemar también el duelo que acompaña

a eso de dejar de pretender nada.

Que agradecimiento más grande siento
de toda esta vida implacable y desnuda.

Que maravilla la de no tener más argumentos para quejarme.

Apelo a nuestra estupidez, al menos a la mía,
para desde allí respetar el error,
la equivocación, la falta de tacto, la inocencia,

el miedo que sólo es desconocimiento.

Apelo a nuestra necesidad de ser amados, al menos la mía,
para desde allí entender por qué necesito que me respondas si te pregunto,

que me escuches si opino, que te sea relevante el coincidir, el encontrarnos.

Apelo a nuestras ganas de amar, al menos a la mía,
la defiendo, para desde allí aceptar por qué busco, por qué te necesito,
así sé que ya no hago nada sin ti,
sin el otro y la otra, los demás,

que somos bichos de relación, de vínculos.

Equivocándonos,
sorprendidas porque no lo esperábamos,
enfadadas porque no era lo que pensamos,
aturdidas porque no llegamos a todo,
tristes porque es diferente, porque se nos va el tiempo,
abiertas porque solo nos queda el entendimiento,
conciliadoras porque nos necesitamos,
comprensivas porque estuvimos alguna vez del otro lado,

amables porque sabemos amar más allá de lo que creemos saber.

Deja el detergente y los platos, míralos allí tan tranquilos.
La urgencia de vida también nos mira a los ojos.
El abrazo siempre será bienvenido,

y si no, que bien que lo demos igualmente,
hasta que tenga sentido,
sin lugar a dudas.

El olor a óxido al final se mezcla

con la opción reconfortante de la ventana abierta.
Puedo elegir.

Un suspiro nuevo, me hace pensar:

estoy aquí, no en otro lado. O eso parece.
Que afortunada!

Y ahora empieza todo. Todo el rato hacia cualquier parte.
Sólo sé que no voy a dejar esto a medias.
Voy a bailarlo, a sentirlo, a vivirlo.
Entera

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

LA CASA DEL VALLE DE LAS DOCE DONCELLAS

Tus partículas, las vigas que te sostienen:

Pasillos interminables al laberinto profundo de tu día a día.
No lo hubieras imaginado mejor,
Realidades subterráneas y paralelas
destinadas al sinfín del azar de cada noche.

Casa vida,
Diste motivo, deseo, sol y sombra por igual.
Las paredes se despintan. Una línea se desvanece.
Las líneas de tu mano,
casa destino,
sostienen mundos y refugios.
Imagino un espacio blanco, vacío,
una enorme copa con un pez dentro.

Los límites de tu contorno,
la belleza geométrica de tu cemento cuerpo.
Lleno e inerte, lleno de nada,
donde se dibuja el siguiente deseo.

De la luz de tus rincones nacen vidas.
Maceta de flores recicladas.
Mural constante de manada de colores,
cobijo duro, caricia fría, golpe dulce, un hueco lleno.

Allí estuvo TODO.
Dioses y diosas conjugados
Cada átomo y mugre follando,
creando suspiros para llenar la tarde,
patios terraza verde metal.

De tu reflejo llevamos todos un augurio distinto.
Casa hechizo.
Madre lunar, con tus ciclos y tu abrazo protector cambiante,
tus fases fértiles, tu cara oculta y tu cara luz
Pariste mil y una noches de música.
Retumban aún acordes rumba tango, tanto y tanto,
ecos en el fondo, oídos corazón,
latiendo incesante mientras crece tu vacío.

Tu espacio sin ti.
Casa utopía.
Allí germina un silencio absoluto,
cargado de las infinitas voces que gritaron tu nombre.
Mientras sale el lucero de la ausencia en cada uno de tus hijos,
el fantasma de ti se posa en los escombros.

Cómo duele haberte sido feliz,
Te fuimos
Te somos
Casa amiga, casa hermana, casa vida.
Azulejos fugaces de poesía, geometría y desamparo.
Azules los ojos de tu cielo.
Te amparaba tu propia y única generosidad.
Hoy vomitamos adioses para que sean transformados.
De las pausas y visitas intermitentes vamos llenando sacos,
para llevar a cuestas la ceniza hermosa de tu suelo.

Ventana-puente conectada a territorios de sueños posibles.

 

De la serie ” Desnudarse el nudo” – Natalia Barraza 2005

domestik-a

Leyendo a Milan Kundera y entre suspiros en el poco tiempo libre de mi cotidianidad, aquí dejo un leve intento de autorretrato desde imágenes simples, reflejos, mugre y verduras, rescatando la pequeña poética doméstica que alcanza a vislumbrarse en los rincones.


La levedad y el peso


Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

El alma y el cuerpo


La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos.

Palabras incomprendidas


Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada.

La gran marcha


Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

La sonrisa de Karenin

Se durmió con aquella dulce idea. Y en el umbral del sueño, en ese mágico territorio de imágenes, confusas, de pronto se sintió seguro de haber descubierto la solución a todos los misterios, la llave del secreto, la nueva utopía, el paraíso…

…espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y el violín.


fragmentos de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.

casi un sonido

busco mi sitio
allí, en la última fila del autobús
me encuentro con el vacío mismo que rodea cada instante,
allí, comienza el sonido,
gravitan los cantos de pájaros mezclandose
con las ruedas de los coches.
un caracol en cada oreja,
me transporta a los mares más lejanos,
cálidos de mi memoria.
cuando una ola de gozo se acerca,
me acuerdo de ti y pienso
que deberías estar sintiendo lo mismo,
el poder de lo multiplicativo,
lo potencial del eco,
cuando a alguien le resuena lo que a ti.
nada más fácil ni más complicado
que la empatía en silencio,
esa profunda complicidad
que borra el tiempo y la distancia…

…sueña… suena…:

Maria Rodes – Desorden

estoy descubriendo unas propuestas musicales tan generosas, que me dan ganas de usar todos los juguetes de mis hijos para hacer una orquesta.
desde Cocorosie hasta María Rodes, desde Les Luthiers hasta Leika Mochán, tod@s con más herramientas que nunca y a la vez rescatando la simpleza para crear joyitas musicales muy preciadas.
aquí veréis un video de lo último que hizo una amiga de México, Leika Mochán, del chilango city, con su loopstation, su voz y mucha creatividad:

buenas y luminosas noches desde este lado del océano.

amorhumor

Hace tiempo que no paso por aquí.

La luciérnaga, como blog, ha sido inspirado en los atardeceres cercanos al rio, bajo los olivos, en que se va llenando el espacio de luces que bailan la danza de la nocturnidad.
en esos momentos de silencio y sonrisa interior donde la creatividad, parece llenarte, llega una certeza: la del amor, la del humor, y la de ambos en sincronicidad.
si pudiéramos alcanzar ese estado ideal donde compartir tiempo-espacio, en el que los ingredientes principales de cualquier encuentro fueran amor y humor, llegaríamos sin duda a la plenitud.
ni nirvana ni iluminación, solo con verse a uno mismo que de manera espontánea llega a experimentar estos elementos combinados, podría decir que de forma sutil pero cierta ha encontrado el paraíso.
…sigamos buscándolo…

volver

Agua que no has de beber, déjala correr…

Hoy retorno a alguna de las fuentes. Pienso en cuales han sido los hilos con los que se ha tejido mi imaginario, y me encuentro con algunos personajes que me han marcado con su estilo.
claro, allí estan Nazim Hikmet, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Henry Miller…y otr@s, pero hoy, uno sobre todos ellos resuena. Se llama Oliverio Girondo. Aquí comparto uno de mis favoritos.


Mi lu

mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía

para degustarlo, hay que ir poco a poco, desmenuzar las palabras letra por letra, para acariciar su poesía, con el ritmo y la musicalidad con que propone, casi, un juego.
espero que os resuene.

…de paso, comentar que este escritor, ha sido inspiración para los textos de una película argentina muy interesante, que se llama “el lado oscuro del corazón“, una de mis favoritas también, por su propuesta fotográfica y poética.

aquí un video del inicio de ella…

en este video el poema que se escucha es de Juan Gelman.

…y para acabar una cancioncilla que me llegó “quiensabecomo” pero que me gustó MUCHO…para amenizar un atardecer, con luciérnagas…

Humano by Lido Pimienta

La artista se llama Lido Pimienta, una joven colombiana radicada en Canadá que crea sus propias canciones con una sensibilidad muy especial y mucha energía…

Que lo disfruten y bona nit