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– SEWARD – CABALLO DE OCÉANOS –

Déjate llevar,

no hay opción.

Si entras en su universo

te harán cabalgar por los océanos.

Una limpia y dramática puesta en escena,

con textos susurro,

se suman a un grito constante,

y este último te lleva al silencio.

Así,

llena de contradicciones y sabor,

me voy del caos al orden,

el de Seward.

Su orden particular.

Un espacio para flotar

de la mano de retorcidos movimientos

físicos, acústicos.

Una ausencia

cargada de posibilidades.

Un amable momento para abrirse en dos

y dejar pasar el torrente sonoro.

Pasan cosas, pasan cosas,

esto está lleno, esto es tener suerte.

Suerte de vivirlo,

suerte de casi volar

mientras el corazón se acelera

junto a sus compases de tren.

Si lo pruebas

no volverás a ser el mismo,

nada será tan transgresor

de aquello que esperabas.

Es que no están allí para hacer lo que intuyes,

ni lo que deseas.

Están volviendo carne su delirio,

están trayendo de mundos posibles,

una historia que no se cuenta.

Sutil y Brutal.

Brutal y Sutil.

Así, con mayúsculas.

Déjate llevar,

no hay opción,

es la única nave posible

para entrar en sus océanos.

Te desafían y arrancan a saltos,

revelándose, generosos,

lastimandonos suave y alegres,

mientras envuelven con una pregunta larga,

la belleza de lo salvaje.

Habitar y navegar con Seward

por un momento o por un siglo,

hace que te desmorones

de las ideas preconcebidas de una canción,

o de ti mismo frente a ella.

Natalia Barraza  – de la serie “Lo que queda” – 2017


 

El Octavo Día – Cia. La Taimada *

Una larga espera en la penumbra, sólo contemplarlos y ser vistos. Belleza triste.

Avanzan, como pidiendo una disculpa que penetra el espacio que les rodea.

Miradas de locura y envidia que les impide caminar.

Atraviesan una materia imperceptible a la vista, algo denso de su propio respirar.

A donde van? Por que vienen hacia nosotros?

Mientras más se acercan siento su arrepentimiento – escucho intuyendo el aire.

Pero de qué, cariño mío?

Es el vaivén del olvido.

Si, te olvidas de ti y de mi. Roza el sonrojo.

La humedad te sirve de rendición.

Ofreces tu belleza más animal como sin quererlo.

Inmensa amnesia orgásmica.

Si nos invitáis por que os vais?

Hay un abandono, un “dejar” ya mecánico.

Angustia deforme que os exprime y contagia.

El objeto Cama y su efecto rojo.

Ante tanto vacío, se intuye por fin una relación – pero es toda ella dolorosa!-

Tan pensada que parece llena de abismo geométrico, calculado,

un agujero negro en el centro, absolviéndolo todo.

Un sonido de misa mientras la desnuda,

convierte el ritual en algo estridente.

Es un estado de gravedad para no parpadear.

Los vínculos allí reflejados son y están. No denotan amor.

Todo menos amor. O sea Miedo.

Más que ver, se miran a si mismos, como desde una rendija.

Todo eso lleno de cuerpos Cuerpo.

Es un lugar monocromático que de fondo trae el sonido del plástico blanco.

Es una pesadilla surreal en la planicie quirúrgica.

Me falta contraste, advierto una pesada seriedad en todo su espacio de juego.

Parece un éxodo, donde los culpables están juzgando.

Por qué busco el porqué de las cosas?

Ante el drama constante, pierdo el interés. En una letanía, ya no me sorprendo.

Nos vuelve impotentes con vosotros.

Las imágenes postal. Teatro sin género.

Película sin pantalla. Fotografía con flash.

La progresión de las invitaciones son seducciones potenciales.

Son chicos muy chicos para ser tan malos y malas.

Me encantaría ver esta obra habitada por ancianos.

Será cosas implícitas en la relatividad del tiempo y lo que lo representa.

Veo la entrega sin cesar, hasta la colaboración con su propio destino.

Quiere molestar y lo consigue.

Impacta desde la incomodidad latente de lo que muestra sin tregua.

Se vislumbra rotundo, tras la telón que no hay, el Universo de los creadores.

Es un imaginario grave, preocupante.

Quiere ser un estado de amenaza

Una muerte lujuriosa

Provocación e impotencia de la mano

Esclavitud y manipulación agotadores.

La dirección, el artificio, la mentira son de un vacío macabro.

Y en el octavo día quedan de manifiesto primario y primitivo.

Esa mezcla de estratégica pieza de laboratorio,

donde todo encaja, donde su esencia es la carne viva,

la salvaje ira, el grito lascerante y callado,

tras la cara pulida de inocencia.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

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EL OCTAVO DÍA. Espectáculo de la Compañía La Taimada.

Antic Teatre, mayo 2016.

El título de la obra me remite al supuesto de que fueron 7 los días de la creación, y éste el señalado por la pieza, sugiere que también hubo un octavo. En él se manifiesta el lado oscuro, mostrando la perversión y la maldad como materia prima de la misma creación. La impronunciable, la que no estará en los libros. Finalmente los extremos siempre se tocan.

Fui invitada a ver este espectáculo de teatro danza, para escribir a mi manera, acerca de la pieza. Me ha costado tiempo y aún no estoy convencida del todo del resultado. Lo paradójico de la experiencia de escribir de algo que me incomoda ha sido un gran reto y aprendizaje.

Agradezco a sus creadores a invitarme a formar parte de esta manera indirecta, e incitarme a publicarlo tal y como está. Podría denominarlo como un texto work in progress. O simplemente como lo que es, un ensayo acerca de lo que percibí de la obra, en un intento de poetizar las imágenes a través de mi lente como espectadora y en este caso de mi ejercicio de escritura.

Viaje Sideral

Hoy un lunes acaba de iniciar, son las 0:33 de la noche, o de la mañana, no sé como se dice.
 
Anna, te has ido hace unas horas.
O algo de ti se ha transformado.
Tu cuerpo ya no contiene tu alma dentro.
Te imagino en un viaje,
una cápsula de tiempo que te lleva lejos y cerca a la vez.

Es tan paradójico llorar y celebrar al mismo tiempo una partida.
Porque se acaba el dolor,
pero uno quiere poder verte, saberte aquí.
Es difícil dejar ir. Soltar.
Sólo de eso se trata.
Es el único y gran aprendizaje.

Anna, te has ido.
Has dejado una imagen grabada en mi memoria,
tu cuerpo alegre, bailando, como tanto te gustaba.
Te recuerdo allí, enorme, celebrando, 
compartiéndonos tu risa.

Eso es lo que duele dejar ir,
la imagen asociada al espíritu o como se llame,
sin eso que baila dentro ya no hay vida.
Y eras joven y bella y dulce.
Y mucho más.
Y entonces no entiendo.
Esa impotencia incomoda. 

Nada tiene un parámetro para ser comprendido
cuando no hay explicaciones suficientes.
Pero este regalo, éste que nos dejas,
me hace recordar el otro lado de la paradoja.
Tampoco sabemos por qué uno nace,
por qué uno está aquí…
Y aquí estamos!
Cuanta suerte tenemos si podemos respirar, abrazar, dar.

Anna, has dejado una sonrisa compañera,
tu generosa presencia inolvidable.
Esta transformación nos recuerda impotentes,
ante la naturaleza hermosa y grave.
Es difícil explicarlo, saberlo, asumirlo.
Estamos de paso.
Sólo eso.
Y es tan maravilloso como finito.

Tú con tus ojos y tu piel morena,
Tu pelo rizado y tu risa,
Tu abrazo y tu cercanía,
Tu Anna, no te has ido, te has transformado.
Nos queda un enorme espacio de ti, lleno.
Gracias por compartirlo con nosotros.

Buen viaje.

 

mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016
 
 
 
 

Entera

Dejo el detergente.
Una urgencia de vida, una nostalgia de abrazo,
un olor a óxido y un suspiro, me hacen pensar:
tengo que estar en otro lado.
Aquí no. O eso parece.
Venga, un plato más,
ahora que has empezado no vas a dejar esto a medias.
Y si me voy? Y si largo todo y canto?
Que pasa si ahora salgo a la calle y doy una vuelta.
y regreso luego a casa, toda yo -entera y media-

como si hubiera revolucionado el mundo.

Dale, déjate de tonterías y sigue lavando.
Pero que no estoy aquí, no estoy,
soy al menos quien siente esto,
soy los zapatos que salen a caminar,
o el lápiz que escribiría esto.

Cuanta fortuna la de sentir, la de poder elegir.

Soy una más con la prisa de la mañana, con la ropa por doblar,

con el trabajo que sobra, las ideas brillantes y el dinero que no alcanza.

Pero cuánta elasticidad en la materia
para hacer que nunca falte nada y a pesar de todo!

Pero cuánta retórica en una frase de unas cuantas palabritas!

Soy una más con las dudas de la tarde y el pelo suelto,
con el sulfito del vino del fin de semana dando vueltas aún en martes,

con la necesidad, alguna de ellas,
pero sin tiempo para saber de cuál se trata.

Pero cuántas ganas de bailar no olvidadas y esperando,
cuántas lecciones de filosofía inauditas
se esconden en los pliegues de la ropa

que a veces logro poner en el cajón que corresponde.

Antes pensaba ganar la carrera contra mis propias expectativas,
antes creía que llegaría muy lejos, pero no sé de dónde.
Antes consideraba que lo normal no era fantástico,

antes esperaba a que iba a ser algo que no soy.

Quería que una parte de mi fuera más valiente que ésta a la que he llegado,
ésta que se levanta cualquier día a las cinco de la mañana
para calmar una tos o volver a poner la manta en su sitio o

para ir a trabajar al teatro, sólo por que no sé si se repetirá jamás.

Quería que una parte de mi fuera más bella y atractiva que ésta,
llena de arrugas, redondeces y cosas sin simetría alguna,

que son tan únicas que al final me han acabado gustando.

Quería que una parte de mi fuera superior a mi
y que me llevara por el camino del éxito,
pero no sabía que éste existía,
no conocía el éxito del que ahora gozo,
mucho más relevante de lo que imaginaba,
que es el de saber mirar a los ojos a mis hijos
y sentir que “saben sentir” que lo único que me importa es esta mirada.

Quería que, pensaba que, imaginaba que.
Creía que tenía que llegar a algún lado.

Y ahora?

Con esta valentía que como mucho me permite un concierto de vez en cuando.
Con esta osadía que sale a toda costa a la aventura de comprar ropa
acompañada de los hijos que me quepan en la bicicleta.
Con esta belleza relativa que no atrae si no coincide
con otras hermosas geometrias redondas y asimétricas,
que están en las mismas y se reflejan en la risa, las carencias,
la mirada cómplice de cuanto nos resuena y se puede compartir.

Y ahora?

Que oportunidad ésta de desconocerme,

la de no saber la respuesta, la de no tener claro cómo hacerlo.

Que grande ser tan pequeña, tan igual y semejante

a estos otros animales con ropa que van por ahí
presumiendo de saber respirar como yo.

Que bien que puedo dejar la armadura de defensas fuera,
y de paso quemar todos esos contratos que un día hice conmigo misma,
de esos que decían que todo sería fantástico cuando creciera y tuviera familia,
y de paso quemar también el duelo que acompaña

a eso de dejar de pretender nada.

Que agradecimiento más grande siento
de toda esta vida implacable y desnuda.

Que maravilla la de no tener más argumentos para quejarme.

Apelo a nuestra estupidez, al menos a la mía,
para desde allí respetar el error,
la equivocación, la falta de tacto, la inocencia,

el miedo que sólo es desconocimiento.

Apelo a nuestra necesidad de ser amados, al menos la mía,
para desde allí entender por qué necesito que me respondas si te pregunto,

que me escuches si opino, que te sea relevante el coincidir, el encontrarnos.

Apelo a nuestras ganas de amar, al menos a la mía,
la defiendo, para desde allí aceptar por qué busco, por qué te necesito,
así sé que ya no hago nada sin ti,
sin el otro y la otra, los demás,

que somos bichos de relación, de vínculos.

Equivocándonos,
sorprendidas porque no lo esperábamos,
enfadadas porque no era lo que pensamos,
aturdidas porque no llegamos a todo,
tristes porque es diferente, porque se nos va el tiempo,
abiertas porque solo nos queda el entendimiento,
conciliadoras porque nos necesitamos,
comprensivas porque estuvimos alguna vez del otro lado,

amables porque sabemos amar más allá de lo que creemos saber.

Deja el detergente y los platos, míralos allí tan tranquilos.
La urgencia de vida también nos mira a los ojos.
El abrazo siempre será bienvenido,

y si no, que bien que lo demos igualmente,
hasta que tenga sentido,
sin lugar a dudas.

El olor a óxido al final se mezcla

con la opción reconfortante de la ventana abierta.
Puedo elegir.

Un suspiro nuevo, me hace pensar:

estoy aquí, no en otro lado. O eso parece.
Que afortunada!

Y ahora empieza todo. Todo el rato hacia cualquier parte.
Sólo sé que no voy a dejar esto a medias.
Voy a bailarlo, a sentirlo, a vivirlo.
Entera

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

LA CASA DEL VALLE DE LAS DOCE DONCELLAS

Tus partículas, las vigas que te sostienen:

Pasillos interminables al laberinto profundo de tu día a día.
No lo hubieras imaginado mejor,
Realidades subterráneas y paralelas
destinadas al sinfín del azar de cada noche.

Casa vida,
Diste motivo, deseo, sol y sombra por igual.
Las paredes se despintan. Una línea se desvanece.
Las líneas de tu mano,
casa destino,
sostienen mundos y refugios.
Imagino un espacio blanco, vacío,
una enorme copa con un pez dentro.

Los límites de tu contorno,
la belleza geométrica de tu cemento cuerpo.
Lleno e inerte, lleno de nada,
donde se dibuja el siguiente deseo.

De la luz de tus rincones nacen vidas.
Maceta de flores recicladas.
Mural constante de manada de colores,
cobijo duro, caricia fría, golpe dulce, un hueco lleno.

Allí estuvo TODO.
Dioses y diosas conjugados
Cada átomo y mugre follando,
creando suspiros para llenar la tarde,
patios terraza verde metal.

De tu reflejo llevamos todos un augurio distinto.
Casa hechizo.
Madre lunar, con tus ciclos y tu abrazo protector cambiante,
tus fases fértiles, tu cara oculta y tu cara luz
Pariste mil y una noches de música.
Retumban aún acordes rumba tango, tanto y tanto,
ecos en el fondo, oídos corazón,
latiendo incesante mientras crece tu vacío.

Tu espacio sin ti.
Casa utopía.
Allí germina un silencio absoluto,
cargado de las infinitas voces que gritaron tu nombre.
Mientras sale el lucero de la ausencia en cada uno de tus hijos,
el fantasma de ti se posa en los escombros.

Cómo duele haberte sido feliz,
Te fuimos
Te somos
Casa amiga, casa hermana, casa vida.
Azulejos fugaces de poesía, geometría y desamparo.
Azules los ojos de tu cielo.
Te amparaba tu propia y única generosidad.
Hoy vomitamos adioses para que sean transformados.
De las pausas y visitas intermitentes vamos llenando sacos,
para llevar a cuestas la ceniza hermosa de tu suelo.

Ventana-puente conectada a territorios de sueños posibles.

 

De la serie ” Desnudarse el nudo” – Natalia Barraza 2005

domestik-a

Leyendo a Milan Kundera y entre suspiros en el poco tiempo libre de mi cotidianidad, aquí dejo un leve intento de autorretrato desde imágenes simples, reflejos, mugre y verduras, rescatando la pequeña poética doméstica que alcanza a vislumbrarse en los rincones.


La levedad y el peso


Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

El alma y el cuerpo


La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos.

Palabras incomprendidas


Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada.

La gran marcha


Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

La sonrisa de Karenin

Se durmió con aquella dulce idea. Y en el umbral del sueño, en ese mágico territorio de imágenes, confusas, de pronto se sintió seguro de haber descubierto la solución a todos los misterios, la llave del secreto, la nueva utopía, el paraíso…

…espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y el violín.


fragmentos de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.