Archivo de la categoría: crítica poética

La Bandada (L’estol)

El aire que te envuelve.

Lo respiras. Te das cuenta?

Una inercia transparente te sostiene.

Lleva tu anatomía mecánicamente,

hacia donde la memoria te está esperando.

Un sincrónico aliento conmueve

desde la médula hasta el infinito,

mientras repites la frase para la que llegaste aquí un día:

…nacer…ser…acontecer…

…nacer…ser…acontecer…

Una mas de la manada, del racimo,

del cardumen, una mas del rebaño,

de la bandada, allí aleteando,

imprescindible y fugaz.

Inconsciente del suspiro, del salto, de la mirada.

Todo es juego, gesto, risa, abrazo.

Todo es final.

Te delata, si,

acompasando el despliegue de alas

y varias complicidades complicadas.

Vé mas allá, encontrarás tu reflejo

en el abismo del inconcebible futuro.

La ruta aún por recorrer,

en el vértigo de azules violentos y amorosos

que te hacen, te construyen, te revelan

que sin ti no hay nada, que esto no existe.

Estás allí, de pie,

agitada y llena de kilómetros y hambre,

toda una pulsión de sangre inexplicablemente viva,

sin estrategias para volver a comenzar

por donde se ha desgarrado el tiempo y el viento

hace ya eternidades.

Tu fugacidad es palpable.

Por eso vuelves, vuelas, vuelves, vuelas.

Estas allí, en el medio de todo lo demás,

y no eliges. Tal vez es sincronía necesaria,

más allá de ti pero contigo.

Se sugiere un atisbo de la comisura de tu sonrisa,

de la mirada única de la que eres dueña.

Ese tono irrepetible que se diluye en el conjunto

para tener sentido y sostener otra vez

el inevitable silencio entre guerra y fiesta.

Te pronuncias poderosamente

ofreciendo el pecho, las manos,

y ese brazo-ala en el que otros se cobijan.

Y una mañana estás aquí, mientras el aire te envuelve,

cuando el tiempo se prepara un café

para hablar seriamente contigo y entonces,

sin saberlo, en silencio,

decides que si, que puedes irte.

***Texto inspirado en “L’Estol”, título de la pieza de danza de la coreógrafa Roser López Espinoza, interpretado/danzado por l@s bailarines de la reciente Producció Nacional de Dansa en Barcelona.

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ZIMMERMANN – HALLO

Él, portador de un sueño quebradizo,

de andar roto y estridente.
Él, dueño de un espacio vivo
y lleno de ventanas a todas partes.
Su cuerpo es todo cara, ojos inconmensurables,
su gesto es un agujero negro 
de donde brotan el humor y la tristeza en partes iguales.
Una risa que sale sin permiso,
que espera a caer a borbotones.
En el absurdo hilarante,
la risa se ve a si misma en el espejo.
Risa oscura, cinismo comprometido hasta el final.
Su casa infinita de rincones que viven, 
cada ángulo respira.
Todo allí late, y de repente se mueve,
y en un instante desaparece
para volver en otras dimensiones, pesos, alturas.
Cajas y puertas rompiendo las líneas,
mientras tanto su mirada que muerde.
Geometrías abiertas y seductoras por todas partes.
con una risita de dolor de fondo.
En un ataque de tos aparece un navío 
conducido por un capitán loco 
que ha venido a ofrecerte el gran concierto,
la música que no esperabas, de lo irreverente.
La señora Alfombra, el señor Pared y su amiga Aspiradora,
todos invitados de honor, conjurando su necesaria presencia 
para absorber juntos ese trozo de maniquí que somos todos.
Hallo,
Un disparate donde la soledad es la protagonista,
donde reinan la inocencia experta y el miedo helado 
de un cuerpo sin rostro o una cara sin gesto.
Hallo,
Un lugar donde todo se multiplica,
dos los cuerpos, dos las caras, dos las gabardinas
cuatro de ellos en el reflejo.
En esta ecuación no valen los resultados. 
Juega, juega, juega sin cesar hasta quedarse sin aliento,
mientras las puertas caminan y él se despeina con el casco puesto.
Camina, camina, camina lejos y sin rumbo,
mientras una silla lo retiene o el techo se desmorona.
Él saluda, pide auxilio, llama, reclama, susurra, 
un hola suspendido en el aire constantemente, en eco.
Hola, hola! hola? es a todos y a ninguno,
Se arma entonces un refugio con sus dientes y dos maderas,
en donde todo tiene sentido.
Allí desolado y abierto,
te muestra las magias más increíbles y jamás vistas:
cortar el dedo, sacar la lengua, desaparecer orejas.
Todo empieza con un hola,
pasa un universo entero frente a ti,
y sus ojos gigantes se desbordan 
en un adiós chiquito pero definitivo.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

– SEWARD – CABALLO DE OCÉANOS –

Déjate llevar,

no hay opción.

Si entras en su universo

te harán cabalgar por los océanos.

Una limpia y dramática puesta en escena,

con textos susurro,

se suman a un grito constante,

y este último te lleva al silencio.

Así,

llena de contradicciones y sabor,

me voy del caos al orden,

el de Seward.

Su orden particular.

Un espacio para flotar

de la mano de retorcidos movimientos

físicos, acústicos.

Una ausencia

cargada de posibilidades.

Un amable momento para abrirse en dos

y dejar pasar el torrente sonoro.

Pasan cosas, pasan cosas,

esto está lleno, esto es tener suerte.

Suerte de vivirlo,

suerte de casi volar

mientras el corazón se acelera

junto a sus compases de tren.

Si lo pruebas

no volverás a ser el mismo,

nada será tan transgresor

de aquello que esperabas.

Es que no están allí para hacer lo que intuyes,

ni lo que deseas.

Están volviendo carne su delirio,

están trayendo de mundos posibles,

una historia que no se cuenta.

Sutil y Brutal.

Brutal y Sutil.

Así, con mayúsculas.

Déjate llevar,

no hay opción,

es la única nave posible

para entrar en sus océanos.

Te desafían y arrancan a saltos,

revelándose, generosos,

lastimandonos suave y alegres,

mientras envuelven con una pregunta larga,

la belleza de lo salvaje.

Habitar y navegar con Seward

por un momento o por un siglo,

hace que te desmorones

de las ideas preconcebidas de una canción,

o de ti mismo frente a ella.

Natalia Barraza  – de la serie “Lo que queda” – 2017


 

El Octavo Día – Cia. La Taimada

EL OCTAVO DÍA. Espectáculo de la Compañía La Taimada.
Antic Teatre, mayo 2016.
 
El título de la obra me remite al supuesto de que fueron 7 los días de la creación, y éste el señalado por la pieza, sugiere que también hubo un octavo. En él se manifiesta el lado oscuro, mostrando la perversión y la maldad como materia prima de la misma creación. La impronunciable, la que no estará en los libros. Finalmente los extremos siempre se tocan.
Una larga espera en la penumbra, sólo contemplarlos y ser vistos. Belleza triste.
Avanzan, como pidiendo una disculpa que penetra el espacio que les rodea.
Miradas de locura y envidia que les impide caminar.
Atraviesan una materia imperceptible a la vista, algo denso de su propio respirar.
A donde van? Por que vienen hacia nosotros?
Mientras más se acercan siento su arrepentimiento – escucho intuyendo el aire.
Pero de qué, cariño mío?
 
Es el vaivén del olvido. 
Si, te olvidas de ti y de mi. Roza el sonrojo.
La humedad te sirve de rendición.
Ofreces tu belleza más animal como sin quererlo.
Inmensa amnesia orgásmica.
Si nos invitáis por que os vais?
Hay un abandono, un “dejar” ya mecánico.
Angustia deforme que os exprime y contagia.
 
El objeto Cama y su efecto rojo.
Ante tanto vacío, se intuye por fin una relación – pero es toda ella dolorosa!-
Tan pensada que parece llena de abismo geométrico, calculado,
un agujero negro en el centro, absolviéndolo todo.
Un sonido de misa mientras la desnuda,
convierte el ritual en algo estridente.
Es un estado de gravedad para no parpadear.
 
Los vínculos allí reflejados son y están. No denotan amor.
Todo menos amor. O sea Miedo.
Más que ver, se miran a si mismos, como desde una rendija.
Todo eso lleno de cuerpos Cuerpo.
 
Es un lugar monocromático que de fondo trae el sonido del plástico blanco.
Es una pesadilla surreal en la planicie quirúrgica.
Me falta contraste, advierto una pesada seriedad en todo su espacio de juego.
Parece un éxodo, donde los culpables están juzgando.
 
Por qué busco el porqué de las cosas?
Ante el drama constante, pierdo el interés. En una letanía, ya no me sorprendo.
Nos vuelve impotentes con vosotros.
Las imágenes postal. Teatro sin género.
Película sin pantalla. Fotografía con flash.
 
La progresión de las invitaciones son seducciones potenciales.
Son chicos muy chicos para ser tan malos y malas.
Me encantaría ver esta obra habitada por ancianos.
Será cosas implícitas en la relatividad del tiempo y lo que lo representa.
 
Veo la entrega sin cesar, hasta la colaboración con su propio destino.
Quiere molestar y lo consigue.
Impacta desde la incomodidad latente de lo que muestra sin tregua.
 
Se vislumbra rotundo, tras la telón que no hay, el Universo de los creadores.
Es un imaginario grave, preocupante.
Quiere ser un estado de amenaza
Una muerte lujuriosa
Provocación e impotencia de la mano
Esclavitud y manipulación agotadores.
 
La dirección, el artificio, la mentira son de un vacío macabro.
Y en el octavo día quedan de manifiesto primario y primitivo.
Esa mezcla de estratégica pieza de laboratorio,
donde todo encaja, donde su esencia es la carne viva,
la salvaje ira, el grito lascerante y callado,
tras la cara pulida de inocencia.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017
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Fui invitada a ver este espectáculo de teatro danza, para escribir a mi manera, acerca de la pieza. Me ha costado tiempo y aún no estoy convencida del todo del resultado. Lo paradójico de la experiencia de escribir de algo que me incomoda ha sido un gran reto y aprendizaje.
Agradezco a sus creadores a invitarme a formar parte de esta manera indirecta, e incitarme a publicarlo tal y como está. Podría denominarlo como un texto work in progress. O simplemente como lo que es, un ensayo acerca de lo que percibí de la obra, en un intento de poetizar las imágenes a través de mi lente como espectadora y en este caso de mi ejercicio de escritura.

Con el tiempo pienso en el espectáculo, como un acontecimiento que refleja en parte y de forma atemporal una lamentable realidad, oscura y maquiavélica que sucede en la trastienda de muchas casas, de muchas mentes, de muchas vidas. Pero expuesta a través de una vitrina muy delicada, cuidada y aséptica con lo cual me genera un fuerte contraste de opinión.

mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016
 
 
 
 

domestik-a

Leyendo a Milan Kundera y entre suspiros en el poco tiempo libre de mi cotidianidad, aquí dejo un leve intento de autorretrato desde imágenes simples, reflejos, mugre y verduras, rescatando la pequeña poética doméstica que alcanza a vislumbrarse en los rincones.


La levedad y el peso


Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

El alma y el cuerpo


La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos.

Palabras incomprendidas


Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada.

La gran marcha


Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

La sonrisa de Karenin

Se durmió con aquella dulce idea. Y en el umbral del sueño, en ese mágico territorio de imágenes, confusas, de pronto se sintió seguro de haber descubierto la solución a todos los misterios, la llave del secreto, la nueva utopía, el paraíso…

…espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y el violín.


fragmentos de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.