La Bandada (L’estol)*

El aire que te envuelve.

Lo respiras. Te das cuenta?

Una inercia transparente te sostiene.

Lleva tu anatomía mecánicamente,

hacia donde la memoria te está esperando.

Un sincrónico aliento conmueve

desde la médula hasta el infinito,

mientras repites la frase para la que llegaste aquí un día:

…nacer…ser…acontecer…

…nacer…ser…acontecer…

Una mas de la manada, del racimo,

del cardumen, una mas del rebaño,

de la bandada, allí aleteando,

imprescindible y fugaz.

Inconsciente del suspiro, del salto, de la mirada.

Todo es juego, gesto, risa, abrazo.

Todo es final.

Te delata, si,

acompasando el despliegue de alas

y varias complicidades complicadas.

Vé mas allá, encontrarás tu reflejo

en el abismo del inconcebible futuro.

La ruta aún por recorrer,

en el vértigo de azules violentos y amorosos

que te hacen, te construyen, te revelan

que sin ti no hay nada, que esto no existe.

Estás allí, de pie,

agitada y llena de kilómetros y hambre,

toda una pulsión de sangre inexplicablemente viva,

sin estrategias para volver a comenzar

por donde se ha desgarrado el tiempo y el viento

hace ya eternidades.

Tu fugacidad es palpable.

Por eso vuelves, vuelas, vuelves, vuelas.

Estas allí, en el medio de todo lo demás,

y no eliges. Tal vez es sincronía necesaria,

más allá de ti pero contigo.

Se sugiere un atisbo de la comisura de tu sonrisa,

de la mirada única de la que eres dueña.

Ese tono irrepetible que se diluye en el conjunto

para tener sentido y sostener otra vez

el inevitable silencio entre guerra y fiesta.

Te pronuncias poderosamente

ofreciendo el pecho, las manos,

y ese brazo-ala en el que otros se cobijan.

Y una mañana estás aquí, mientras el aire te envuelve,

cuando el tiempo se prepara un café

para hablar seriamente contigo y entonces,

sin saberlo, en silencio,

decides que si, que puedes irte.

***Texto inspirado en “L’Estol”, título de la pieza de danza de la coreógrafa Roser López Espinoza, interpretado/danzado por l@s bailarines de la reciente Producció Nacional de Dansa en Barcelona.

elhilo

I

Me miro desde adentro.
Me siento respirar, estar viva,
ahí, donde no entiendo.

Me he dejado acariciar por el desconcierto,
ahí, donde me pierdo,
y tanteo las salidas posibles.

Oscuro.

Sé que la caída es infinita y no la quiero.
No puedo perder tiempo en ese silencio;
lo “abandónico” del ensimismamiento.

No puedo distraerme de la tarea que he creado entre estos hilos,
hecha para mí y en la que existo.

Es solo en los rincones,
en las esquinas,
en los recovecos,
donde me angustia la incertidumbre

de -losdíasconsusnoches-.

A veces,
tal vez ahí,
abismo.

Me dejo habitar por los que cruzo en mi tejido,
su risa y su congoja me sorprenden todavía.

Estoy lista,
ya he recorrido mis desiertos.

Abro los ojos
para reconocerme en el umbral
de lo que falta.

II
Sigo aquí, te aviso,
sigo viendo impalpables los minutos
que se acomodan a la salida del sol.

Ensolezar la mañana,
o llenarla de instantes dorados frescos,
de temblor, de vértigo.

Me ciega tanta luz.
Me pican las manos,
se derrama el día ante mis ojos y
bajo mis pies no hay nada.

Solo Sol.

III

Busco y rebusco dentro de mi frente
eso que limpie lo que no quiero.

Estoy en la frontera del todo y nada.
Algo que se lleve lo que me sobra.
Nada tengo ya que me quede.
Todo, por eso, me espera.

A veces me dejo llevar a los finales.
Si no los encuentro, los invento.
Me gusta ver la cornisa,
saber que más allá no hay nada.

Sentir la brisa cortante del horizonte.

IV

He dado todo,
he dicho todo,
he visto lo que he querido ver.

Soy un nudo,
soy una pieza,
soy un punto por donde pasan líneas,
por donde se tejen vidas.

Me duele ahí,
donde se siente,
de tanto sentir sin sentido.

Respiro profundo desde este vacío.
Estoy lista para despegar en cualquier impulso.

V

Yo ya no soy solo yo,
veo que a través de mí otras voces hablan,
la de los océanos en los que he naufragado,
la de los huracanes en los que me enredé.

Y de todo un poco llevo dentro,
tanto ya que he envejecido,
tengo arrugas en el descontento,
tengo llenas las manos.

Ahora se transforma

lo que he vivido.

VI

Me miro, otra vez desde adentro,
aquí, tan abajo, tan cálido,
tantos hilos que me rodean,
me comunican, me enlazan;
no entiendo nada a pesar de lo recorrido.

VII

Vidas enteras aquí.
Soy nueva en cada cuerda,
en cada parpadeo,
en cada giro,
en cada caída.
Por eso sigo.
Me dejo acariciar por la sorpresa y
reconozco el precipicio de los principios.

VIII

Sé que es largo el espacio y siempre cambia de forma.
Inalterablemente sorpresivo.
Cierro los ojos entonces.

IX

Llévame tú ahora,
quiero escucharte en el ruido embriagante de ir batiendo las alas.
Flotante deseo empedernido de ti.
Sube, escalera, engranaje, hilos.
Tomo de la cima tu aliento,
llamo tu nombre.

X

Se sigue el camino sola,
y en el paisaje están los otros:
testigos que respiran ausencia,
miran a través de sus redes,
de los vientos que desnudan mi carta,
te despeinan,
me ultrajan.

XI

No sé el nombre de lo que me sostiene, pero tiene piel de nada.
Ya me he fundido en sus cuerdas, de mi misma atrapada.
Estoy lista, ya lo he dicho.
Mi red de memoria bajo esta línea me salva.

De la serie “desnudar el nudo” 2005

Retrato para Casa de Muñecas

La vida a pequeña escala.
La vidita.
Como si de categorías se tratara.
Gracias a su dote minúscula de sentido, aprecio hasta los detalles de una costura, posible cicatriz, posible huella.
Un botón, es el inicio del universo latente, del cuento huérfano, que espera su turno para ser pronunciado.
Un rincón se vuelve entonces un horizonte,
se tiñe de dudas y posibilidades.
Basta un gesto, una mirada, ese silencio sepulcral que casi inunda,
y el siguiente aliento se va
con la ironía de la tarde.
Así se vuelve a habitar el trozo de cielo que corresponde,
ese coqueto pedazo, guardado en la memoria, de cuando todo era risa.
Hilvanar pausas, para superar los intentos frustrados de ser correspondida,
hilvanar excusas, para dotar de sentido a la mirada esquiva y cobarde.
Aparece vestido de gala un ruido efímero
que pretende distraer con sus dotes de donjuan
del silencio sepulcral que acompaña la caída.
Va, venga, va. Vamos construyendo la trincherita.
La casita de muñecas
con pedazos de vida, con retazos de encuentros,
con el hilo que sostiene y salva.
Una y otra vez, como un parpadeo lujurioso,
como la sombra hambrienta,
como el quejido ancestral, antiguo e involuntario,
que te marca el ritmo, y solemnemente y sin avisar,
te acompaña, rotundo.


 Junio 2017. Escrito para  #espacioänima

azuleslaboca

 

Hasta esa esquina imprevisible,          doblada,

hasta el rincón luminoso ,        polvoriento,

hasta los recónditos codos,

las ínfimas muñecas,

las diminutas ideas que se quedan en las uñas,

hasta entonces, desentiérrate la carne.

Hipnotízate de rojos el fondo de tu vaso,

hasta los bordes del enredo de tu pelo,

hasta los botones de las mangas de tu piel,

los infinitos huecos,

las vastas orillas de tu risa

que se queda plasmada en las aceras,

en aquellas grietas de la palma de la mano

que son las de tu calle.

Embriágate de azules la boca de tu copa,

hasta el conjuro de arrugas,

el hechizo en tu vientre-ventana,

donde vive la promesa absurda,

esquinada, polvorienta, enterrada.

Y que irrumpa y rompa el silencio,

y que levante sus manos brindando,

y que salga como cualquier sol de madrugada

a pasear generoso entre galaxias perdidas,

sin darse cuenta de cómo acaricia el suelo,

en un abrir y cerrar de ojos que es un misterio,

de esos que se entregan involuntariamente

en el espacio entreabierto entre un suspiro

y otro,

y otro.

 

 

– De la serie “Desnudarse el Nudo” – 2006 Natalia Barraza

ZIMMERMANN – HALLO *

Él, es portador de un sueño quebradizo,
es dueño de un andar roto y estridente,
bajo las coordenadas de ser el que habita
el hueco de una ventana que mira a todas partes.

Su cuerpo es todo cara, ojos inconmensurables,
su gesto es una fuente a borbotones, impertérrito,
de donde nacen el humor y la tristeza como siamesas.

Una risa que sale sin permiso, carcajada delincuenta,
que espera su turno para caer rodando
en sentido contrario a la fuerza de gravedad.

En el absurdo hilarante, la risa se ve a si misma en el espejo.
Y se descubre desmaquillada, vulgar, sumamente imperfecta y deliciosa.

Él es risa oscura, cínico y comprometido hasta el final.

Como una opción testaruda.

Su casa infinita de rincones que viven, te guiñan,
te dan una palmadita en el hombro,

mientras se te cae la cara cuando descubres que cada ángulo te mira inquisidor y respira.

Todo allí late abriéndose paso a codazo limpio,
se transgrede a sí mismo como si fuera el fin del mundo
y en un instante, se te desaparece como si nada.
Bomba de humo para tu asombro.

Cajas y puertas rompiendo las líneas sin cordura, se expanden ante la ya devastada selva de tu intento de asidero, de tu inútil afán de comprensión.

Y mientras tanto su mirada! otra vez ella que si la enfocas,
te muerde las pupilas.

Geometrías abiertas y seductoras por todas partes.

Orgásmicas fórmulas algebráicas impávidas que te señalan,
con una risita de dolor de fondo.

En un ataque de tos aparece el navío de pesadilla prometedora,
conducido por el capitán loco, ícono de la perdición.

Ha venido, generoso y en son de paz, a ofrecerte el gran concierto macabro,
te regala la música irreverente que no esperabas a punta de cuchillo.

La señora Alfombra, el señor Pared y su amiga Aspiradora,
todos invitados de honor, toman el té, conjurando su necesaria presencia
para comer juntos ese trozo de pastel/maniquí que somos todos.

Hallo!

Un disparate donde la soledad es la protagonista,
donde reinan la inocencia experta y el miedo helado
de un cuerpo sin rostro o una cara sin gesto.

Hallo!

Un lugar donde todo se multiplica,
dos los cuerpos, dos las caras, dos las gabardinas
cuatro de ellos en el reflejo.

En esta ecuación no valen los resultados.

Juega, juega otro poco, juega neuróticamente hasta quedarse sin aliento,
mientras las puertas caminan y él se despeina con el casco puesto.

Camina, camina más, camina lejos y sin rumbo,
mientras una silla lo retiene o el techo se desmorona.

Él saluda, pide auxilio, llama, reclama, susurra,
un hola suspendido en el aire constantemente, en eco.

Hola, hola! hola? es a todos y a ninguno.

Se arma entonces un refugio con sus dientes y dos maderas,
en donde todo tiene sentido.

Allí desolado y abierto,
te muestra las magias más increíbles y jamás vistas:
cortar el dedo, sacar la lengua, desaparecer orejas.

Todo empieza con un hola, pasa un universo entero frente a ti,
y sus ojos gigantes se desbordan en un adiós chiquito pero definitivo.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

*** Inspirado en el espectáculo “Hallo” de la compañía Zimmermann, programado en el Mercat de les Flors 2017

– SEWARD – CABALLO DE OCÉANOS –

Déjate llevar,

no hay opción.

Si entras en su universo

te harán cabalgar por los océanos.

Una limpia y dramática puesta en escena,

con textos susurro,

se suman a un grito constante,

y este último te lleva al silencio.

Así,

llena de contradicciones y sabor,

me voy del caos al orden,

el de Seward.

Su orden particular.

Un espacio para flotar

de la mano de retorcidos movimientos

físicos, acústicos.

Una ausencia

cargada de posibilidades.

Un amable momento para abrirse en dos

y dejar pasar el torrente sonoro.

Pasan cosas, pasan cosas,

esto está lleno, esto es tener suerte.

Suerte de vivirlo,

suerte de casi volar

mientras el corazón se acelera

junto a sus compases de tren.

Si lo pruebas

no volverás a ser el mismo,

nada será tan transgresor

de aquello que esperabas.

Es que no están allí para hacer lo que intuyes,

ni lo que deseas.

Están volviendo carne su delirio,

están trayendo de mundos posibles,

una historia que no se cuenta.

Sutil y Brutal.

Brutal y Sutil.

Así, con mayúsculas.

Déjate llevar,

no hay opción,

es la única nave posible

para entrar en sus océanos.

Te desafían y arrancan a saltos,

revelándose, generosos,

lastimandonos suave y alegres,

mientras envuelven con una pregunta larga,

la belleza de lo salvaje.

Habitar y navegar con Seward

por un momento o por un siglo,

hace que te desmorones

de las ideas preconcebidas de una canción,

o de ti mismo frente a ella.

Natalia Barraza  – de la serie “Lo que queda” – 2017


 

El Octavo Día – Cia. La Taimada *

Una larga espera en la penumbra, sólo contemplarlos y ser vistos. Belleza triste.

Avanzan, como pidiendo una disculpa que penetra el espacio que les rodea.

Miradas de locura y envidia que les impide caminar.

Atraviesan una materia imperceptible a la vista, algo denso de su propio respirar.

A donde van? Por que vienen hacia nosotros?

Mientras más se acercan siento su arrepentimiento – escucho intuyendo el aire.

Pero de qué, cariño mío?

Es el vaivén del olvido.

Si, te olvidas de ti y de mi. Roza el sonrojo.

La humedad te sirve de rendición.

Ofreces tu belleza más animal como sin quererlo.

Inmensa amnesia orgásmica.

Si nos invitáis por que os vais?

Hay un abandono, un “dejar” ya mecánico.

Angustia deforme que os exprime y contagia.

El objeto Cama y su efecto rojo.

Ante tanto vacío, se intuye por fin una relación – pero es toda ella dolorosa!-

Tan pensada que parece llena de abismo geométrico, calculado,

un agujero negro en el centro, absolviéndolo todo.

Un sonido de misa mientras la desnuda,

convierte el ritual en algo estridente.

Es un estado de gravedad para no parpadear.

Los vínculos allí reflejados son y están. No denotan amor.

Todo menos amor. O sea Miedo.

Más que ver, se miran a si mismos, como desde una rendija.

Todo eso lleno de cuerpos Cuerpo.

Es un lugar monocromático que de fondo trae el sonido del plástico blanco.

Es una pesadilla surreal en la planicie quirúrgica.

Me falta contraste, advierto una pesada seriedad en todo su espacio de juego.

Parece un éxodo, donde los culpables están juzgando.

Por qué busco el porqué de las cosas?

Ante el drama constante, pierdo el interés. En una letanía, ya no me sorprendo.

Nos vuelve impotentes con vosotros.

Las imágenes postal. Teatro sin género.

Película sin pantalla. Fotografía con flash.

La progresión de las invitaciones son seducciones potenciales.

Son chicos muy chicos para ser tan malos y malas.

Me encantaría ver esta obra habitada por ancianos.

Será cosas implícitas en la relatividad del tiempo y lo que lo representa.

Veo la entrega sin cesar, hasta la colaboración con su propio destino.

Quiere molestar y lo consigue.

Impacta desde la incomodidad latente de lo que muestra sin tregua.

Se vislumbra rotundo, tras la telón que no hay, el Universo de los creadores.

Es un imaginario grave, preocupante.

Quiere ser un estado de amenaza

Una muerte lujuriosa

Provocación e impotencia de la mano

Esclavitud y manipulación agotadores.

La dirección, el artificio, la mentira son de un vacío macabro.

Y en el octavo día quedan de manifiesto primario y primitivo.

Esa mezcla de estratégica pieza de laboratorio,

donde todo encaja, donde su esencia es la carne viva,

la salvaje ira, el grito lascerante y callado,

tras la cara pulida de inocencia.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

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EL OCTAVO DÍA. Espectáculo de la Compañía La Taimada.

Antic Teatre, mayo 2016.

El título de la obra me remite al supuesto de que fueron 7 los días de la creación, y éste el señalado por la pieza, sugiere que también hubo un octavo. En él se manifiesta el lado oscuro, mostrando la perversión y la maldad como materia prima de la misma creación. La impronunciable, la que no estará en los libros. Finalmente los extremos siempre se tocan.

Fui invitada a ver este espectáculo de teatro danza, para escribir a mi manera, acerca de la pieza. Me ha costado tiempo y aún no estoy convencida del todo del resultado. Lo paradójico de la experiencia de escribir de algo que me incomoda ha sido un gran reto y aprendizaje.

Agradezco a sus creadores a invitarme a formar parte de esta manera indirecta, e incitarme a publicarlo tal y como está. Podría denominarlo como un texto work in progress. O simplemente como lo que es, un ensayo acerca de lo que percibí de la obra, en un intento de poetizar las imágenes a través de mi lente como espectadora y en este caso de mi ejercicio de escritura.

Viaje Sideral

Hoy un lunes acaba de iniciar, son las 0:33 de la noche, o de la mañana, no sé como se dice.
 
Anna, te has ido hace unas horas.
O algo de ti se ha transformado.
Tu cuerpo ya no contiene tu alma dentro.
Te imagino en un viaje,
una cápsula de tiempo que te lleva lejos y cerca a la vez.

Es tan paradójico llorar y celebrar al mismo tiempo una partida.
Porque se acaba el dolor,
pero uno quiere poder verte, saberte aquí.
Es difícil dejar ir. Soltar.
Sólo de eso se trata.
Es el único y gran aprendizaje.

Anna, te has ido.
Has dejado una imagen grabada en mi memoria,
tu cuerpo alegre, bailando, como tanto te gustaba.
Te recuerdo allí, enorme, celebrando, 
compartiéndonos tu risa.

Eso es lo que duele dejar ir,
la imagen asociada al espíritu o como se llame,
sin eso que baila dentro ya no hay vida.
Y eras joven y bella y dulce.
Y mucho más.
Y entonces no entiendo.
Esa impotencia incomoda. 

Nada tiene un parámetro para ser comprendido
cuando no hay explicaciones suficientes.
Pero este regalo, éste que nos dejas,
me hace recordar el otro lado de la paradoja.
Tampoco sabemos por qué uno nace,
por qué uno está aquí…
Y aquí estamos!
Cuanta suerte tenemos si podemos respirar, abrazar, dar.

Anna, has dejado una sonrisa compañera,
tu generosa presencia inolvidable.
Esta transformación nos recuerda impotentes,
ante la naturaleza hermosa y grave.
Es difícil explicarlo, saberlo, asumirlo.
Estamos de paso.
Sólo eso.
Y es tan maravilloso como finito.

Tú con tus ojos y tu piel morena,
Tu pelo rizado y tu risa,
Tu abrazo y tu cercanía,
Tu Anna, no te has ido, te has transformado.
Nos queda un enorme espacio de ti, lleno.
Gracias por compartirlo con nosotros.

Buen viaje.

 

mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016
 
 
 
 

Entera

Dejo el detergente.
Una urgencia de vida, una nostalgia de abrazo,
un olor a óxido y un suspiro, me hacen pensar:
tengo que estar en otro lado.
Aquí no. O eso parece.
Venga, un plato más,
ahora que has empezado no vas a dejar esto a medias.
Y si me voy? Y si largo todo y canto?
Que pasa si ahora salgo a la calle y doy una vuelta.
y regreso luego a casa, toda yo -entera y media-

como si hubiera revolucionado el mundo.

Dale, déjate de tonterías y sigue lavando.
Pero que no estoy aquí, no estoy,
soy al menos quien siente esto,
soy los zapatos que salen a caminar,
o el lápiz que escribiría esto.

Cuanta fortuna la de sentir, la de poder elegir.

Soy una más con la prisa de la mañana, con la ropa por doblar,

con el trabajo que sobra, las ideas brillantes y el dinero que no alcanza.

Pero cuánta elasticidad en la materia
para hacer que nunca falte nada y a pesar de todo!

Pero cuánta retórica en una frase de unas cuantas palabritas!

Soy una más con las dudas de la tarde y el pelo suelto,
con el sulfito del vino del fin de semana dando vueltas aún en martes,

con la necesidad, alguna de ellas,
pero sin tiempo para saber de cuál se trata.

Pero cuántas ganas de bailar no olvidadas y esperando,
cuántas lecciones de filosofía inauditas
se esconden en los pliegues de la ropa

que a veces logro poner en el cajón que corresponde.

Antes pensaba ganar la carrera contra mis propias expectativas,
antes creía que llegaría muy lejos, pero no sé de dónde.
Antes consideraba que lo normal no era fantástico,

antes esperaba a que iba a ser algo que no soy.

Quería que una parte de mi fuera más valiente que ésta a la que he llegado,
ésta que se levanta cualquier día a las cinco de la mañana
para calmar una tos o volver a poner la manta en su sitio o

para ir a trabajar al teatro, sólo por que no sé si se repetirá jamás.

Quería que una parte de mi fuera más bella y atractiva que ésta,
llena de arrugas, redondeces y cosas sin simetría alguna,

que son tan únicas que al final me han acabado gustando.

Quería que una parte de mi fuera superior a mi
y que me llevara por el camino del éxito,
pero no sabía que éste existía,
no conocía el éxito del que ahora gozo,
mucho más relevante de lo que imaginaba,
que es el de saber mirar a los ojos a mis hijos
y sentir que “saben sentir” que lo único que me importa es esta mirada.

Quería que, pensaba que, imaginaba que.
Creía que tenía que llegar a algún lado.

Y ahora?

Con esta valentía que como mucho me permite un concierto de vez en cuando.
Con esta osadía que sale a toda costa a la aventura de comprar ropa
acompañada de los hijos que me quepan en la bicicleta.
Con esta belleza relativa que no atrae si no coincide
con otras hermosas geometrias redondas y asimétricas,
que están en las mismas y se reflejan en la risa, las carencias,
la mirada cómplice de cuanto nos resuena y se puede compartir.

Y ahora?

Que oportunidad ésta de desconocerme,

la de no saber la respuesta, la de no tener claro cómo hacerlo.

Que grande ser tan pequeña, tan igual y semejante

a estos otros animales con ropa que van por ahí
presumiendo de saber respirar como yo.

Que bien que puedo dejar la armadura de defensas fuera,
y de paso quemar todos esos contratos que un día hice conmigo misma,
de esos que decían que todo sería fantástico cuando creciera y tuviera familia,
y de paso quemar también el duelo que acompaña

a eso de dejar de pretender nada.

Que agradecimiento más grande siento
de toda esta vida implacable y desnuda.

Que maravilla la de no tener más argumentos para quejarme.

Apelo a nuestra estupidez, al menos a la mía,
para desde allí respetar el error,
la equivocación, la falta de tacto, la inocencia,

el miedo que sólo es desconocimiento.

Apelo a nuestra necesidad de ser amados, al menos la mía,
para desde allí entender por qué necesito que me respondas si te pregunto,

que me escuches si opino, que te sea relevante el coincidir, el encontrarnos.

Apelo a nuestras ganas de amar, al menos a la mía,
la defiendo, para desde allí aceptar por qué busco, por qué te necesito,
así sé que ya no hago nada sin ti,
sin el otro y la otra, los demás,

que somos bichos de relación, de vínculos.

Equivocándonos,
sorprendidas porque no lo esperábamos,
enfadadas porque no era lo que pensamos,
aturdidas porque no llegamos a todo,
tristes porque es diferente, porque se nos va el tiempo,
abiertas porque solo nos queda el entendimiento,
conciliadoras porque nos necesitamos,
comprensivas porque estuvimos alguna vez del otro lado,

amables porque sabemos amar más allá de lo que creemos saber.

Deja el detergente y los platos, míralos allí tan tranquilos.
La urgencia de vida también nos mira a los ojos.
El abrazo siempre será bienvenido,

y si no, que bien que lo demos igualmente,
hasta que tenga sentido,
sin lugar a dudas.

El olor a óxido al final se mezcla

con la opción reconfortante de la ventana abierta.
Puedo elegir.

Un suspiro nuevo, me hace pensar:

estoy aquí, no en otro lado. O eso parece.
Que afortunada!

Y ahora empieza todo. Todo el rato hacia cualquier parte.
Sólo sé que no voy a dejar esto a medias.
Voy a bailarlo, a sentirlo, a vivirlo.
Entera

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017