Instrucciones para atravesar el fin del mundo

(Para casos de pequeños holocaustos sin pena ni gloria)

Besar, lamer la tierra. Devorarla.
Tomar impulso desde la frontera, el límite que te sostiene.
Abrazar y abrasar la despedida.
Acariciar el terreno que ocupa tu manojo anatómico.

Recibir el vacío. Metamorfosearlo.
Contemplar el trozo que te corresponde de suelo, de cielo.
Ofrecer la otra mejilla, la espalda, sin resistencia.
Dejar entrar el desierto.

Vaciar los bolsillos de moléculas ambiguas.
Desactivar las alarmas, para que el sol salga de dentro.
Inventar la cartografía de salida.
Dejarse nutrir por el paisaje.
Habitar las líneas de la mano.

Photo de Laurent Perrot 2020 Barcelona @laurentperrotphotography @perrot.laurent https://laurentperrot.org/

Vánitas*

IMPECABLE.
Nada quedará de pie ante la belleza del dolor verdadero.
Se abrirá el suelo con flores deliciosas
para recibir el final del miedo.
Mientras tanto, íntegra y sin flaqueza,
atravieso el túnel dorado de lo inevitable sin arrepentimiento.

La muerte y los ídolos mienten.

En la consagración de lo IMPLACABLE,
les busco los ojos pero están huecos.
La omisión o modificación de lo real es también un engaño,
una versión parcial y edulcorada de la verdad.

Por eso frágil, pero cierta, ni un paso atrás.
De la incertidumbre nacerán los trenes
para mirar y conducirme a lo que falta.

Elijo dar inicio a la tempestad,
para arrebatar los fantasmas de las paredes,
la superficialidad, la doble moral, el discurso marchito,
y que tiemblen las entrañas de lo falso.

El infinito está latiendo
y tiene una sola certeza atómica como llave:
la casualidad no existe.
Todo acontece por su propia danza, por incómoda que ésta sea.
Las palabras vacías se extinguirán.
Sólo florecerá la caricia y la mirada pura.
La política de conveniencia no podrá echar raíces.

Después de la rendición no hay dónde caer.
De hecho, allí comienza TODO:
En el jardín fértil de la duda,
en el húmedo silencio de las posibilidades,
en la hermosa herida
de la que brota el manantial para aliviar el insomnio,
donde el jazmín y el trébol, invisibles pero poderosos,
cambiarán para siempre el paisaje.



..
.
#fear #fearless #miedo #basics #serieescénica #mëdulatheater #theater #dramaturgy #newprocess

*La vanitas es un género artístico del barroco, que resalta la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos.

Arder

Quema. Quemada. Quémalo ya.
Un cuerpo es combinación de incendios y entrañas,
De chispas fértiles que inician universos constantemente,
Contenedor de preguntas y sílabas ardientes aún sin pronunciar,
Y qué más da? Quema, quemada. Quémalo ya.

Manojo de huesos distribuidos entre las risas prometidas y el carbón,
Ventana anatómica hacia la escasa certidumbre del estar,
Un ramo de pliegues encendidos que conjuran las ganas de seguir.
Silencio que ama y quema.
En las llamas se aleja lo que va a extinguirse por si solo.
Y lo que tenga que partir, que lo haga sin piedad.

Lo que queda es lo que ves: residuo, cenizas, alboroto.
Una fiesta de partículas que emiten el amor incandescente.
Un conjunto de moléculas que brillan sin cesar para dar paso a lo real.
Después del fuego, la idea, el vacío, el éter, la quintaesencia.
Agente inflamable de la transformación.
Redimirse en lo fatuo de la calma del proceder puro y sin tacha.
Que arda lo que tenga que arder. Ya nada queda por salvar.

14 mil 600 días

Juana, Alonso.

Madre, Padre: 

En pocas horas, mi cuerpo, que ocupa 49 centímetros cuadrados si estoy de pie, que mide un metro y casi sesenta centímetros, que pesa 51 kilos… 

todo este cuerpo lleno de vísceras, sangre, huesos, órganos, tendones, músculos, 

todo este ser que exhala, sueña, suda, llora, mea, gime, pulsa,

toda esta persona que duda, cree, hace, construye, escribe, escucha, pronuncia,

va a cumplir 14 mil 600 días sobre la tierra,

un planeta que ha dado ya, 40 vueltas al sol.

Después de habitar en 15 casas, vivir en 3 países, visitar 79 ciudades, trabajar en 9 compañías…realmente, y después de tanto periplo, tengo – al atravesar esta etapa adulta, como una mujer de 40 años que en breve seré- la verdadera certeza de que habito mi cuerpo como territorio infinito, y de que amo la escena, el teatro, con todas sus variables, sus ramificaciones, sus lenguajes satelitales, sus códigos propios. 

Son mis únicas dos verdades. 

Una, es esta especie de vehículo de suspiros e inspiraciones, revestido de la concreta anatomía, y la otra es ese magma, o mar, o estado en el que navego, floto, respiro, me dejo caer… y me sostiene. Independientemente de los calendarios y agendas que vaya agotando, más allá de los países, pueblos, casas, patios, aulas o escenarios por donde pise. 

Sólo eso.

Y por eso, porque tengo un cuerpo vivo, porque tengo el arte, y porque tengo una vida en la que ambas conviven en mi, les doy las gracias.

Porque fueron revolucionarios para su época, porque rompieron esquemas y expectativas, porque se dedicaron sin dudarlo al marginalísimo arte de los títeres en plena época convulsa de las retomadas democracias latinoamericanas, porque fueron arriesgados y sinceros, porque rieron y gastaron más de la cuenta, porque construyeron e hicieron posible muchas utopías, porque nunca dejaron de creer en éste territorio ambiguo e inseguro de las artes escénicas como trinchera y como única bandera, porque apostaron por ser seres sensibles, vulnerables, verdaderos. Porque me heredaron, no por coacción sino con el ejemplo, el amor por la música, la pintura y las letras, la pasión por el teatro y la danza. Porque me contaminaron de filosofía, de política, de relaciones humanas, de curiosidad, de inquietud, de libertad, de capacidad de sorprenderme.

Y por eso, porque tengo ideales que habitan este cuerpo vivo de cuarenta años, porque tengo preguntas, incertidumbres y alguna cosa clara, porque cuento con toda la vigencia, potestad y fuerza para seguir construyendo mi realidad el tiempo que sea que siga aquí, y porque tengo una vida en la que todo esto es posible, les doy las gracias.

Los amo.

Natalia

Reflexiones sobre la práctica SLMFV

Si Los Martes Fueran Viernes

En este contexto, creo, que improvisar se trata de crear y componer a través del movimiento, entre uno y/o varios cuerpos, vinculados a través de la presencia, la música y ciertas pautas previas, adecuadas a cada situación y tipo de encuentro.

SLMFV tiene la particularidad de convocar a personas que se dedican a la danza, la performance y otras artes aledañas a la escena, que no se conocen entre sí, o al menos a las cuales no se les pide un trabajo previo de ensayo o investigación en cuanto a la potencial relación entre l@s involucrad@s.

Esto genera por un lado, una interesante atmósfera sin prejuicio -ya que no implica una expectativa preconcebida- y por otro, nos mantiene en una prudente distancia al desconocer los límites o posibilidades interpretativas y de ejecución de cada una en la práctica.

De mi experiencia anterior ( otro encuentro SLMFV del que formé parte) me queda en la memoria un elevado grado de entrega y disfrute, de humor, de riesgo, de juego. Probamos materiales varios como texto improvisado con el micrófono, de relación con el objeto-prenda de vestir, de composición coral y solos, de dinámicas vivas y abiertas. Éramos 7 en escena, sin un pasado común ni un destino determinado. Lo encontré delicioso.

De la práctica de ayer, a pesar de haber “experienciado” un placer parecido, noté en la reunión de valoración una serie de parámetros nuevos que condicionaban la recepción, o bien la asimilación, sobre lo que parece que se espera de la nueva pieza, que no encajaban con lo vivido. Esto se percibe en la sensación general reflejada en frases repetidas como “estar perdidos”, “ambigüedad”, “no escucha”, “caos”… y claro, entre 10 cuerpos que SON información, sumados a un tema: CARROÑA, teñidos de 2 palabras extra vinculadas al tema principal para cada intérprete, detonantes también de otras capas conceptuales, estamos hablando de al menos 31 factores de base, mas las del contenedor de tiempo/espacio/ritmo que nos reúne.

Y fueron esta vez, precisamente el humor, la relación con la ropa y la palabra, además de alguna otra observación las que parecen no estar vigentes para esta ocasión.

Donde alcanzo a ver una serie de dicotomías relacionadas con la improvisación tiene que ver con:

  1. estar a la escucha, seguir o sumarse a un movimiento ajeno / V.S. / proponer uno concreto o un tipo de fisicalidad que abra una puerta para otrxs
  2. sostener una propuesta hasta sus últimas consecuencias / V.S. / ceder o abandonar aquello que no genera un foco escénico.

Con esto, creo, que lo que predomina como estado general, parece ser en que durante la práctica, uno navega entre la duda de generar material físico nuevo o la de dar continuidad al existente.

Mover o ser movido, estar o no estar, ser o no ser, esa es la cuestión?

En el extraordinario ejercicio de poner en duda ( base de la práctica filosófica) lo que se tiene por cierto, ante un evento como este, en el que el mismo formato ha de redefinirse una y otra vez como toda entidad viva, nos encontramos entonces ante la maravillosa dificultad de la definición, que es de donde surgen las valientes ideas, capaces de ser una revolución para si mismas.

Otro peligro latente que sentí en la conversación, es que se denomina como teatralidad, mímica o clown a hechos que nada tienen que ver con ellos. A mi entender, Teatro es personaje + situación + acción. Mímica es dibujar y evocar con el cuerpo elementos invisibles o imaginarios con los que se desarrolla una inter relación. Clown es un trabajo finísimo de caracterización que utiliza la ironía y el error como poética, cargada de un humor casi involuntario para el propio actor.

Con esto solo me gustaría hacer hincapié en que quizás lo que se ha notado o que se quiere evitar en esta práctica, es la forzada caracterización de emociones, de arquetipos, clichés, o roles preconcebidos que no nutren el movimiento si no que representan algo ajeno al aquí y ahora al que la improvisación nos remite (o debería).

Este suele ser un terreno pantanoso para quien no está entrenado en estas artes a conciencia, en el que parece caer fácilmente. Es lo mismo que sucede cuando un no bailarin/a pretende danzar como tal.

Por eso, lo enriquecedor de la propuesta es que invitadas todas a movernos, lo hagamos desde el ámbito no cómodo ni habitual, pero tampoco desde el que no dominamos. En resumen un heterogéneo encuentro de seres escénicos que se mueven unidos a través de la trinidad máxima de nuestra labor: tiempo/espacio/ritmo. Algo que me parece vertebral y bello rescatar de esta práctica, es que no se trata de una compañía, ni de un espectáculo, ni de un producto a medida. Despojarlo de expectativas o de proyecciones personales, es el mejor remedio ante la sensación de tener que llegar a algo, de tener que… cualquier cosa. Y esto no nos exime de la consecuente responsabilidad escénica que nos atañe a todas y cada una de las presentes.

A todo esto y con la interesante reflexión como participante y ente político, me gustó que ayer fuera mencionado este término ( política) a pesar de la compleja cantidad de interpretaciones que pueden derivar de él. Sin embargo insisto en que identifico algo de filosofía anarquista en la base de la propuesta y que puede servir para, cuando nos perdemos en la búsqueda de la comprensión, revisar y volver a dar cabida a premisas que atraviesan tanto a este ejercicio artístico, como a una postura de vida. En ésta filosofía se considera a cada individuo como poseedor de si mismo, con una serie de responsabilidades ante el colectivo que lo contiene y rodea y que procura la misma libertad para sus iguales. Se trata de una red colaborativa, de la ausencia de jerarquías, de relaciones que se retroalimentan.

Antes de terminar esta reflexión quisiera agradecer que el estado en el que me fui ayer ha sido de desconcierto y vulnerabilidad, un par de ingredientes que me obligan a analizar, desmenuzar, valorar y -si el diccionario me lo permite- a humildizar mi presencia, en espera de que pasar por este bosque de dudas que hoy es y será SLMFV, sirva de algo, aporte algo, aunque sea silencio, en movimiento.

SIN

imagen de la obra ELHILO

Hace días la palabra inadecuada se ha colado en mi paisaje.

El lenguaje construye realidades – advierto –
pero este inoportuno término ya invade un territorio extraño.

Sin permiso se instala en la frágil memoria de lo inmediato
y me abruma con su repetida presencia durante las mañanas frías.

Brindo por los silencios a los que no alcanzo a llegar.

Les piso los talones,
pero siempre aparece una interrupción rotunda
que quiebra la expectativa de la ansiada y prometida calma.

Casi a tientas debo reconstruirme una idea que desdibuje su eco.

Me rasga las heridas vigentes cuando se asoma con esa implacable sonrisa de cristal.

No hay sosiego – canto –
mientras camino apresurada a la siguiente salida hacia el invierno.

Un arcano mira de reojo mi temblor, sosteniendo su pipa.

Me encuentro desnuda una vez más ante la incertidumbre.

Sin estrategia.

Él, me dice que me quede quieta,
a mi…

Él lo pronuncia y se desvanece entre su propio humo.

No proceso lo inaudito y el escenario se desmorona
( carezco de mapas para huir de aquello que no esperaba)

Soy inadecuada para situaciones en las que desconozco el “debería”

Soy imperfecta para los espacios en los que mi interlocutor me pide que calle

Soy inmoral para el tiempo en el que se cuecen nuevos pecados a los que admiro

Soy todo lo que aún no sé que puedo ser

Una valiente inexperta descarada
Que se cae sin reparo ni medida
Que confía en todo lo que ve y siente vivo
Que recupera de la sombra y los rincones
colillas de inspiraciones abandonadas

Que avanza atrevida y acompañada de todo el miedo del mundo

Sin mirar atrás

Sin piedad ante mi misma

Sin vestiduras para rasgar

Sin letargo

Sin pausa

SOBRE EL GRAN BOLERO*

La oscuridad es masacrada por el ruido.
Una lluvia de disparos.
Un cuerpo que intuimos, los recibe, impávido.
Quieto y a la vez permeable.

Respira, no mires, respira, mira.
Lo están acribillando de nada.

Tranquila.

Mientras la luz abre el espacio
y los ojos comienzan a distinguir otras texturas en la penumbra,
dos filas de seres ambiguos, se enfrentan y delatan,
como si se asomaran al mundo sin saberlo.

Los márgenes, ahora diluidos, se exponen
al compás de un andar en despiadado contratiempo.

La marcha inicia con la promesa absurda de instalarse para siempre
como un recóndito pulsar inextinguible.

Y cada paso, repito, cada paso,
parece matemáticamente ejecutado.

Revelan sin embargo
la posibilidad de la herida,
del tajo, del corte,
del miedo al fracaso,
escudado por la impasible contundencia de un bolero latente
que se va vistiendo con capas superpuestas.

La mirada, la mía, se llena del agotamiento anunciado.

De repente las preguntas del porqué se vuelven inabarcables, inútiles.

Deciden desaparecer.

Entonces, ante la marea de cuerpos, en incesante espiral,
que crece y madura brotando certezas y sudor a partes iguales,
se despliega la avidez de ese sitio seguro,
de la monotonía enormemente seductora del volcán siempre a punto de estallar.

Una vez despojado el aire de expectativas,
llega la rendición y la única estrategia posible:
la huida urgente y violenta
del corsé de este palpitar
que nos embarga,
embriaga,
que nos asfixia
y demanda más,
vorazmente.

La pulsión de la rabia descoloca las piezas, y las mandíbulas.

La repetición se vuelve salvaje.

Y ahora soy yo la que quiere sangre
en el espectáculo épico de una plaza primitiva.

Como si después de despojarse de la ropa,
pudieran seguir quitándose capas de encima
hasta llegar a los huesos,
y de allí a la médula.

Más.

El aire se convierte en un insaciable agujero negro,
ninfómano de aliento, de giros, de números y pliegues.

Quien pudiera detener el tren feroz de lo inevitable.

Quien pudiera tener una cita con ese gozo del cansancio inabarcable.

Roza una epopeya rotunda, formulando un lapsus
entre la más pura anatomía y el anhelo de lo heroico
que subyace en el sentido profundo de este juego.

Es la apuesta desnuda del suicida,
del poeta, del loco, del caníbal,
y en este pacto lo es también,
de la masa sin rostro, del coro
que a gritos se entrega a la inercia despiadada
de lo terriblemente bello,
de lo terriblemente lleno.

@Fotografía de Claudia Córdova Zignago

“Mira cómo Arde”

El teatro ( o el “hecho” escénico) una vez explosiona ante el público, deja siempre un impacto en quienes lo han detonado, que necesita ser asimilado. Como el golpe grave de lo efímero. Como si lo fugaz, esa capacidad de diluirse en el tiempo, lo volviera aún más rotundo.

La “epicidad” de los procesos de creación, esos que implican la inversión de tiempo, de concentración, de presencia, de organización, se va alejando. Suponemos como creadoras, que quedarán grabados en alguna capa de la experiencia vivida.

Intentar agarrar, aunque sea documentando textual o gráficamente el proceso, es como meter la mano en un río. Vamos, que no hay manera de asirlo, y que eso es lo interesante: dejarlo pasar.

Cualquier lenguaje escénico, tal y como lo entiendo y vivo hasta ahora, se compone de un elevado grado de riesgo y de intimidad. Desde la idea germinal, pasando por el proceso creativo y articulador, hasta ese momento de vértigo de la exposición, de la apertura a la mirada testigo, hacen de esta profesión, una labor entre artesanal y kamikaze.

Estoy intentando, pasadas unas horas y unos metros de haberla compartido con el público, entender ese impacto entre la muestra y el “se acabó” del aquí y ahora. Lo percibo como una nave que va tomando distancia, como si la obra se hubiera vuelto una entidad en si misma y al haber nacido, se desplazara autónomamente en el tiempo y el espacio. El reposo necesario entre abrir una herida, exponerla y dejarla curarse.

No sé, que se me ocurren muchas metáforas para intentar explicarlo. Pero quizás no haga falta. Simplemente nadie nos quita lo bailado.

En “Mira cómo Arde”, me encontré una vez más, totalmente inmersa, felizmente inspirada y muy bien acompañada. Me sonrojo de la suerte que tengo con poder convocar y reunir a tremendas personas para mi equipo. La puesta en escena, los personajes que lo habitan, las palabras pronunciadas y las que subyacen al texto, cada gesto, mirada y los paisajes que componen ese universo, siento que nos vinculan y que me representan profundamente.

Ojalá pudiéramos sacar esta obra del aula, que rule, que viva, que siga, que madure.

Gracias! A Sonia Barba, Alicia Hernández, Jorge Albuerne, David Franch, Marta Gálvez, Mónica de la Paz, Josep Carreras, Laurent Perrot, Cecilia Molano, Ramón Simó, Joan Alavedra, Joana Palacios, Charity Blansit, Ayelen Cantini, Anna McNeil.

La Fiesta Retórica

Aparecen un buen día, como un navío cargado de posibilidades,

de nombres nuevos, de horizontes,

tesoros antiguos que guardan la promesa a descubrir.

Tiran el ancla en la orilla del desconcierto

y va desembarcando entidades con forma de conceptos,

que al pisar tierra se vuelven pregunta.

Una tras otra se acurrucan en un extraño desorden,

configurando una constelación que se toca en las aristas,

para dibujar su frontera, dar paso y sentido al “otro”.

Las dejo allí, amalgamándose.

Las observo, las voy identificando,

les voy encontrando gestos propios

y me empiezan a cubrir la mirada;

a nublarme.

Entonces llega la noche.

Con su sombra se diluyen los límites

y la exuberancia de la Epífrasis despliega sus alas elegantes,

el sagaz Dubitatio se pone su brillante máscara con dos caras,

el Quiasmo tiembla, ríe y llora a la vez

mientras el Oximorón por fin se arrebata y se desnuda.

Aparece rompiendo el silencio una musical Percusio,

y a su lado la Diáfora baila salvajemente con la delicada Epanadiplosis.

A todas ellas las abraza la exquisita Alegoría

dándoles una bendición de vida o muerte según el caso.

Llega un Epíteto tiránico tomado de la mano de la Elipsis,

cargando borracheras olvidadas,

y el Zeugma los mira a todos desde un mezquino rincón,

como guardando distancia de la fiesta que se extiende por mi isla.

Finalmente aparece el pródigo Clímax vestido de fuego ardiente,

y los invitados se acercan lentamente buscando su lugar,

como si de un nuevo sistema solar se tratara,

y en un paulatino respirar juntos, se silencian,

poco a poco, como esperando algo que late.

Desde el mar se vislumbra un reflejo.

Un ser de dos caras emerge cual Venus de siameses

y avanza hacia la multitud que celebra.

Son Metáfora y Metonimia que llegan

con un excéntrico traje mojado y dorado.

Sonríen y con esta irrupción del gesto más generoso,

todos aplauden y vitorean hacia el alba.

Pasan las horas, quizás años, quizás más.

La noche y el baile duran lo que uno pueda.

En mi cueva resuenan sus gritos, sus danzas, sus risas.

Las observo pletórica.

Es la fiesta retórica que alguna vez soñé.

Su visita efímera es una promesa,

y sé que al llegar el día nuevo, ellas, no estarán.

Quedará su eco, su estela, su silueta diluyéndose.

Y con eso, sus residuos,

haré castillos de arena, de humo, de preguntas,

con la misma certeza con que se derrumba todo,

cada vez que pretendes entender algo.

 

Mirar y Dejar

Estaba tan cerca… No pude despedirme
Miré al Final fijamente, y entonces, comenzó a alejarse
– Era un final con F mayúscula –
Esa mirada suya La olvidaré un día ?
Me pregunto cuantos quedaremos. ( Hablar en plural ahora, es una provocación)
Ha sido largo el viaje Y oscuro.
Sé que la caída es infinita, y no hay tiempo Es inmenso ese silencio
Ensimismarse, se dice así? Ensimismarse es abandonar
Abandono entonces
Me miro desde adentro
Siento que algo respira allí, donde no entiendo
Estar viva aún es una sorpresa
Lo que importa es R E S P I R A R.
Te acuerdas?
Aún estoy aquí
Me estoy acostumbrando a este vértigo.
Adicta al temblor de lo nuevo, a los minutos frescos,
al momento que parece un aurora enceguecedora
Instantitos impalpables como el azúcar, esa más blanca y suave; volátil
Eso, un sol blanco enorme como de azúcar glas, todo dentro.
Vertiginosa yo
Me dejo habitar como si fuera una casa, un solar… un “pisito” con posibilidades
La risa y la congoja, me sorprenden todavía. Sólo esto me queda.
Debería abandonar su mirada de una vez. Abandónica yo
Cariño mío, te fuiste.
No somos nuestros, ni de nadie. Pero elijo llamarte así: “mío”
Aunque sea sólo el instante en que lo pronuncio; equivocada y llena
Lo diré en mayúsculas: M·Í·O. Otra vez errónea yo
Estoy lista. Ya he recorrido mis desiertos.
Abro los ojos y no reconozco nada
Ese es el problema de ser propensa a los cambios
De insistir en la revolución
El renovarse tiene consecuencias
Estoy en el umbral de lo que falta.
Todo me aburre, sin embargo ni ciega me estaría quieta.
Estoy en la frontera del todo y nada. Me pican las manos
Creo que el día se deRRRRama ante mi y yo no puedo sostenerlo.
Lo dejo ser,
lo dejo iiiiiiiiiirse
Estoy ensolezada. Se dice así?
Es como haberse tragado al sol Amaneciéndome encima
Tantos porqués náufragos, huérfanos
Bajo mis pies no hay nada, solo sol
Si no encuentro el Final -ese con F- me lo inventaré
Ya he visto lo que quería ver. Se acordarán de venir a buscarme? ( Hablar en plural ahora, es una rendición)
Todo es un engranaje:
un nudo, una pieza, un punto por donde se tejen vidas
hilos que rodean, enlazan, sostienen.
…si se trata de tocar fondo, me suena, lo he visto, creo que lo conozco
La ‘cornisa’, esa palabrota. O ‘abismal’, como me encannnta
Abismadora, encornisada Me lo invento como quiero
Y mira que he dormido en camas distintas,
y mira que tengo sellos en el pasaporte
y mira que he naufragado veces
Estoy lista. Incluso diría que estoy respirando bien
Se parece al vacío, como antes de despegar, como cuando tienes el impulso
Éeeeeese impulso. Ese aRRebato iRRefrenable. Todo con RR doble
Como enrrrrredarse y tener arrrrrrugas y arrrrrodillarse … Marravilloso!
Tengo las manos llenas, como los ojos
Por suerte todo se renueva si no, no me cabrían los instantes
Un poco de amnesia va bien; no hay quien administre tanta cosa.
Tal vez el parpadeo sea un reset pequeñito, a medida de lo visto,
Siempre haciendo hueco para lo que sigue
inalterable, involuntario, imprescindible
No se si alguien mira. Mientras tanto me dejo llevar. No hay nada como dejarse. Dejar ser
Afuera están los otros, las otras, los ellos,
los cuales, los cuantos, las quienes
Afuera hay testigos.
Respiran? miran a través de su filtro, de su red, de su paisaje
Siento un Deseo flotante dentro. Con D mayúscula
Como cuando la gente escribe la palabra Dios.
Un señor o señora Deseo
Un deseo empedernido, Tozudo Tozuda yo
Yo voy a desnudarme.
Ignoro el ultraje de los que miran con ojos-ácidos
ojos-máscara, ojos-especuladores, calculadores de pacotilla
Cada quien tiene sus cosas Su territorio
Si me acordara de todo, sería diferente. O imposible
Mi amnesia me salva
No hay gravedad Sigo y no hay caída.
Todo se expaaaaaaande
La gravedad es la única mentira
Y en la cima de todo: el aliento
La ausencia habitable, atravesable, violable, arrebatable
Ser ventana, ser casa, ser puente es lo que puedo.
Huérfana. Entusiásmica yo
Cerraré los ojos de una vez.
Algo se acaba y …. Llegar al Final y…
Entender que hay más alládelalládelalládel…
Ver que bajo la capa externa de la piel hay otra y otra y…
Una vida entera por estrenar
Respirar Por un instante o lo que sea que dure
Mirar Han llegado
( Hablar en plural ahora, es una despedida)
Estoy lista