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Retrato para Casa de Muñecas

La vida a pequeña escala.

La vidita. 

Como si de categorías se tratara.

Gracias a su dote minúscula de sentido, aprecio hasta los detalles de una costura, posible cicatriz, posible huella.

Un botón, es el inicio del universo latente, del cuento huérfano, que espera su turno para ser pronunciado.

Un rincón se vuelve entonces un horizonte,

se tiñe de dudas y posibilidades.

Basta un gesto, una mirada, ese silencio sepulcral que casi inunda,

y el siguiente aliento se va

con la ironía de la tarde.

Así se vuelve a habitar el trozo de cielo que corresponde,

ese coqueto pedazo, guardado en la memoria, de cuando todo era risa.

Hilvanar pausas, para superar los intentos frustrados de ser correspondida,

hilvanar excusas, para dotar de sentido a la mirada esquiva y cobarde.

Aparece vestido de gala un ruido efímero

que pretende distraer con sus dotes de donjuan

del silencio sepulcral que acompaña la caída.

Va, venga, va. Vamos construyendo la trincherita.

La casita de muñecas

con pedazos de vida, con retazos de encuentros,

con el hilo que sostiene y salva.

Una y otra vez, como un parpadeo lujurioso,

como la sombra hambrienta,

como el quejido ancestral, antiguo e involuntario,

que te marca el ritmo, y solemnemente y sin avisar, te acompaña,

rotundo.
 Junio 2017. Escrito para  #espacioänima

azuleslaboca

 

Hasta esa esquina imprevisible,          doblada,

hasta el rincón luminoso ,        polvoriento,

hasta los recónditos codos,

las ínfimas muñecas,

las diminutas ideas que se quedan en las uñas,

hasta entonces, desentiérrate la carne.

Hipnotízate de rojos el fondo de tu vaso,

hasta los bordes del enredo de tu pelo,

hasta los botones de las mangas de tu piel,

los infinitos huecos,

las vastas orillas de tu risa

que se queda plasmada en las aceras,

en aquellas grietas de la palma de la mano

que son las de tu calle.

Embriágate de azules la boca de tu copa,

hasta el conjuro de arrugas,

el hechizo en tu vientre-ventana,

donde vive la promesa absurda,

esquinada, polvorienta, enterrada.

Y que irrumpa y rompa el silencio,

y que levante sus manos brindando,

y que salga como cualquier sol de madrugada

a pasear generoso entre galaxias perdidas,

sin darse cuenta de cómo acaricia el suelo,

en un abrir y cerrar de ojos que es un misterio,

de esos que se entregan involuntariamente

en el espacio entreabierto entre un suspiro

y otro,

y otro.

 

 

– De la serie “Desnudarse el Nudo” – 2006 Natalia Barraza

ZIMMERMANN – HALLO *

Él, es portador de un sueño quebradizo, es dueño de un andar roto y estridente,

bajo las coordenadas de ser el que habita el hueco de una ventana que mira a todas partes.

Su cuerpo es todo cara, ojos inconmensurables,

su gesto es una fuente a borbotones, impertérrito,

de donde nacen el humor y la tristeza como siamesas.

Una risa que sale sin permiso, carcajada delincuenta,

que espera su turno para caer rodando en sentido contrario a la fuerza de gravedad.

En el absurdo hilarante, la risa se ve a si misma en el espejo. Y se descubre desmaquillada, vulgar, sumamente imperfecta y deliciosa.

Él es risa oscura, cínico y comprometido hasta el final.

Como una opción testaruda.

Su casa infinita de rincones que viven, te guiñan, te dan una palmadita en el hombro,

mientras se te cae la cara cuando descubres que cada ángulo te mira inquisidor y respira.

Todo allí late abriéndose paso a codazo limpio, se transgrede a sí mismo como si fuera el fin del mundo y en un instante, se te desaparece como si nada,

bomba de humo para tu asombro.

Cajas y puertas rompiendo las líneas sin cordura, se expanden ante la ya devastada selva de tu intento de asidero, de tu inútil afán de comprensión.

Y mientras tanto su mirada! otra vez ella que si la enfocas, te muerde las pupilas.

Geometrías abiertas y seductoras por todas partes.

Orgásmicas fórmulas algebráicas impávidas que te señalan, con una risita de dolor de fondo.

En un ataque de tos aparece el navío de pesadilla prometedora,

conducido por el capitán loco, ícono de la perdición.

Ha venido, generoso y en son de paz, a ofrecerte el gran concierto macabro,

te regala la música irreverente que no esperabas a punta de cuchillo.

La señora Alfombra, el señor Pared y su amiga Aspiradora,

todos invitados de honor, toman el té, conjurando su necesaria presencia

para comer juntos ese trozo de pastel/maniquí que somos todos.

Hallo!

Un disparate donde la soledad es la protagonista,

donde reinan la inocencia experta y el miedo helado

de un cuerpo sin rostro o una cara sin gesto.

Hallo!

Un lugar donde todo se multiplica,

dos los cuerpos, dos las caras, dos las gabardinas

cuatro de ellos en el reflejo.

En esta ecuación no valen los resultados.

Juega, juega otro poco, juega neuróticamente hasta quedarse sin aliento,

mientras las puertas caminan y él se despeina con el casco puesto.

Camina, camina más, camina lejos y sin rumbo,

mientras una silla lo retiene o el techo se desmorona.

Él saluda, pide auxilio, llama, reclama, susurra,

un hola suspendido en el aire constantemente, en eco.

Hola, hola! hola? es a todos y a ninguno,

Se arma entonces un refugio con sus dientes y dos maderas,

en donde todo tiene sentido.

Allí desolado y abierto,

te muestra las magias más increíbles y jamás vistas:

cortar el dedo, sacar la lengua, desaparecer orejas.

Todo empieza con un hola, pasa un universo entero frente a ti,

y sus ojos gigantes se desbordan en un adiós chiquito pero definitivo.

 

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

*** Inspirado en el espectáculo “Hallo” de la compañía Zimmermann, programado en el Mercat de les Flors 2017

– SEWARD – CABALLO DE OCÉANOS –

Déjate llevar,

no hay opción.

Si entras en su universo

te harán cabalgar por los océanos.

Una limpia y dramática puesta en escena,

con textos susurro,

se suman a un grito constante,

y este último te lleva al silencio.

Así,

llena de contradicciones y sabor,

me voy del caos al orden,

el de Seward.

Su orden particular.

Un espacio para flotar

de la mano de retorcidos movimientos

físicos, acústicos.

Una ausencia

cargada de posibilidades.

Un amable momento para abrirse en dos

y dejar pasar el torrente sonoro.

Pasan cosas, pasan cosas,

esto está lleno, esto es tener suerte.

Suerte de vivirlo,

suerte de casi volar

mientras el corazón se acelera

junto a sus compases de tren.

Si lo pruebas

no volverás a ser el mismo,

nada será tan transgresor

de aquello que esperabas.

Es que no están allí para hacer lo que intuyes,

ni lo que deseas.

Están volviendo carne su delirio,

están trayendo de mundos posibles,

una historia que no se cuenta.

Sutil y Brutal.

Brutal y Sutil.

Así, con mayúsculas.

Déjate llevar,

no hay opción,

es la única nave posible

para entrar en sus océanos.

Te desafían y arrancan a saltos,

revelándose, generosos,

lastimandonos suave y alegres,

mientras envuelven con una pregunta larga,

la belleza de lo salvaje.

Habitar y navegar con Seward

por un momento o por un siglo,

hace que te desmorones

de las ideas preconcebidas de una canción,

o de ti mismo frente a ella.

Natalia Barraza  – de la serie “Lo que queda” – 2017


 

El Octavo Día – Cia. La Taimada *

Una larga espera en la penumbra, sólo contemplarlos y ser vistos. Belleza triste.

Avanzan, como pidiendo una disculpa que penetra el espacio que les rodea.

Miradas de locura y envidia que les impide caminar.

Atraviesan una materia imperceptible a la vista, algo denso de su propio respirar.

A donde van? Por que vienen hacia nosotros?

Mientras más se acercan siento su arrepentimiento – escucho intuyendo el aire.

Pero de qué, cariño mío?

Es el vaivén del olvido.

Si, te olvidas de ti y de mi. Roza el sonrojo.

La humedad te sirve de rendición.

Ofreces tu belleza más animal como sin quererlo.

Inmensa amnesia orgásmica.

Si nos invitáis por que os vais?

Hay un abandono, un “dejar” ya mecánico.

Angustia deforme que os exprime y contagia.

El objeto Cama y su efecto rojo.

Ante tanto vacío, se intuye por fin una relación – pero es toda ella dolorosa!-

Tan pensada que parece llena de abismo geométrico, calculado,

un agujero negro en el centro, absolviéndolo todo.

Un sonido de misa mientras la desnuda,

convierte el ritual en algo estridente.

Es un estado de gravedad para no parpadear.

Los vínculos allí reflejados son y están. No denotan amor.

Todo menos amor. O sea Miedo.

Más que ver, se miran a si mismos, como desde una rendija.

Todo eso lleno de cuerpos Cuerpo.

Es un lugar monocromático que de fondo trae el sonido del plástico blanco.

Es una pesadilla surreal en la planicie quirúrgica.

Me falta contraste, advierto una pesada seriedad en todo su espacio de juego.

Parece un éxodo, donde los culpables están juzgando.

Por qué busco el porqué de las cosas?

Ante el drama constante, pierdo el interés. En una letanía, ya no me sorprendo.

Nos vuelve impotentes con vosotros.

Las imágenes postal. Teatro sin género.

Película sin pantalla. Fotografía con flash.

La progresión de las invitaciones son seducciones potenciales.

Son chicos muy chicos para ser tan malos y malas.

Me encantaría ver esta obra habitada por ancianos.

Será cosas implícitas en la relatividad del tiempo y lo que lo representa.

Veo la entrega sin cesar, hasta la colaboración con su propio destino.

Quiere molestar y lo consigue.

Impacta desde la incomodidad latente de lo que muestra sin tregua.

Se vislumbra rotundo, tras la telón que no hay, el Universo de los creadores.

Es un imaginario grave, preocupante.

Quiere ser un estado de amenaza

Una muerte lujuriosa

Provocación e impotencia de la mano

Esclavitud y manipulación agotadores.

La dirección, el artificio, la mentira son de un vacío macabro.

Y en el octavo día quedan de manifiesto primario y primitivo.

Esa mezcla de estratégica pieza de laboratorio,

donde todo encaja, donde su esencia es la carne viva,

la salvaje ira, el grito lascerante y callado,

tras la cara pulida de inocencia.

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

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EL OCTAVO DÍA. Espectáculo de la Compañía La Taimada.

Antic Teatre, mayo 2016.

El título de la obra me remite al supuesto de que fueron 7 los días de la creación, y éste el señalado por la pieza, sugiere que también hubo un octavo. En él se manifiesta el lado oscuro, mostrando la perversión y la maldad como materia prima de la misma creación. La impronunciable, la que no estará en los libros. Finalmente los extremos siempre se tocan.

Fui invitada a ver este espectáculo de teatro danza, para escribir a mi manera, acerca de la pieza. Me ha costado tiempo y aún no estoy convencida del todo del resultado. Lo paradójico de la experiencia de escribir de algo que me incomoda ha sido un gran reto y aprendizaje.

Agradezco a sus creadores a invitarme a formar parte de esta manera indirecta, e incitarme a publicarlo tal y como está. Podría denominarlo como un texto work in progress. O simplemente como lo que es, un ensayo acerca de lo que percibí de la obra, en un intento de poetizar las imágenes a través de mi lente como espectadora y en este caso de mi ejercicio de escritura.

Viaje Sideral

Hoy un lunes acaba de iniciar, son las 0:33 de la noche, o de la mañana, no sé como se dice.
 
Anna, te has ido hace unas horas.
O algo de ti se ha transformado.
Tu cuerpo ya no contiene tu alma dentro.
Te imagino en un viaje,
una cápsula de tiempo que te lleva lejos y cerca a la vez.

Es tan paradójico llorar y celebrar al mismo tiempo una partida.
Porque se acaba el dolor,
pero uno quiere poder verte, saberte aquí.
Es difícil dejar ir. Soltar.
Sólo de eso se trata.
Es el único y gran aprendizaje.

Anna, te has ido.
Has dejado una imagen grabada en mi memoria,
tu cuerpo alegre, bailando, como tanto te gustaba.
Te recuerdo allí, enorme, celebrando, 
compartiéndonos tu risa.

Eso es lo que duele dejar ir,
la imagen asociada al espíritu o como se llame,
sin eso que baila dentro ya no hay vida.
Y eras joven y bella y dulce.
Y mucho más.
Y entonces no entiendo.
Esa impotencia incomoda. 

Nada tiene un parámetro para ser comprendido
cuando no hay explicaciones suficientes.
Pero este regalo, éste que nos dejas,
me hace recordar el otro lado de la paradoja.
Tampoco sabemos por qué uno nace,
por qué uno está aquí…
Y aquí estamos!
Cuanta suerte tenemos si podemos respirar, abrazar, dar.

Anna, has dejado una sonrisa compañera,
tu generosa presencia inolvidable.
Esta transformación nos recuerda impotentes,
ante la naturaleza hermosa y grave.
Es difícil explicarlo, saberlo, asumirlo.
Estamos de paso.
Sólo eso.
Y es tan maravilloso como finito.

Tú con tus ojos y tu piel morena,
Tu pelo rizado y tu risa,
Tu abrazo y tu cercanía,
Tu Anna, no te has ido, te has transformado.
Nos queda un enorme espacio de ti, lleno.
Gracias por compartirlo con nosotros.

Buen viaje.

 

mascuarentaycinco

Allí estaban ellos y ellas en la penumbra,
en el eco tras el rebote de una pelota perdida.
Así nos recibía una sala enorme, 
habitada por el aliento cada vez mas agitado de los cuerpos que le daban sentido.
 
Luego una silueta, se escapa vulnerable, 
abajo de los tiros, al muro final, donde no tiene escapatoria.
Ahí, arrinconada en su sonrisa y su chaqueta gigante, ella se salva. 
Y todos nos salvamos con ella.
 
Luego se exponen sus cuerpos, conjugándose como verbos.
Combinaciones casi infinitas de sus extremidades y sus centros.
Juegos de rojo, de marrón, de piel, de miradas, de complicidades, 
seducciones y distancias atómicas por la sala.
 
Mientras, una presencia desde el otro lado de la escena les mira, 
un cuerpo en otro tono creando un contraste necesario.
 
Líneas, vacíos y llenos, arquitectura de un texto maravilloso que recita Maria, 
que nos sorprende, nos hace cosquillas, nos hace estar de acuerdo, 
vemos las etiquetas de la ropa para elegir 
y ese pasillo interminable de opciones para comprar junto con ella, 
desde sus ojos, desde su duda.
 
Y entonces entendemos que esa es la pregunta de todo ese universo allí vestido, 
ese que empieza a moverse en masa, sacudiendo sus lineas, 
sus arrugas, sus esqueletos con ropa, colectivamente.
Y la música nos envuelve, ya estamos todos bailando, 
tragando cuerpos mientras caminamos sobre el escenario que es una calle, 
o un prado o una carretera, o una fila, o varias a la vez.
Y la música nos ahoga, nos posee, 
no se sabe si las notas empiezan y el cuerpo le sigue 
o si el cuerpo se mueve y las notas por eso suenan.
 
Y un ser cara de papel, aparece solitario y poderoso. 
No sabemos que les va a hacer a esos que se mueven.
Mientras tanto no puedes no mirarlo.
No perderlo de vista, parece una premisa implícita en el aire denso.
 
Es un mar de tonalidades, un mar de carnes que se van desplomando, 
con algunas irrupciones, algunas olas desobedientes que por suerte nos sostienen. 
Hasta que todo cae.
 
Y un montón de metales aparecen por su nombre, 
todos los elementos como en un rezo se hacen presentes en la sala.
Nunca fue tan divertido escuchar la tabla periódica, nunca tuvo tanto sentido.
Así reintegran el movimiento, la marcha, la masa otra vez junta, 
con cara, con mirada, la mirada fija, la mirada turbia, la mirada acelerada, 
la mirada perdida, la mirada sin ojos, sus miradas, 
sus miedos enteros, sus sonrisas enteras.
 
Ellas y ellos, todos todo.
 
Entonces el vacío oscuro los traga, desaparecen marchitos, 
mientras un pasillo de luz parece llamarnos al final.
Pienso en la muerte, en la inexorable partida, 
en ese punto medio que son los 45, en esa edad que no lo parece, 
pero es un camino sólo de ida, no ya en nuestro imaginario, 
en nuestros escenarios, en nuestros dramas y absurdos, 
significa un parteaguas en la vida, 
en la posible vida, en la fecha de caducidad anunciada.
 
Ya no con miedo, ya no con prisa, sólo está allí al final del baile. 
Esperando como un rayo de luz que te llama.
 
Mientras tanto bailemos, celebremos lo que nos dé la gana, 
con la edad que sea, contagiándonos de las otras olas, 
meciéndonos en su nitrógeno y su manganeso.
Que nadie nos quita lo bailado. Y todo vuelve. Se escucha otra vez un eco…
 
Tal vez eso es lo que único que queda a nuestro paso.
En alguna memoria se ha sembrado este vaivén, esta danza llena.

Y así nos vamos, de la penumbra a la luz una vez mas, 
pero esta vez, satisfechos.
 
Natalia Barraza de la serie “Diminuto Potencial – Potencia diminutiva” – 2016