Retrato para Casa de Muñecas

La vida a pequeña escala.

La vidita. 

Como si de categorías se tratara.

Gracias a su dote minúscula de sentido, aprecio hasta los detalles de una costura, posible cicatriz, posible huella.

Un botón, es el inicio del universo latente, del cuento huérfano, que espera su turno para ser pronunciado.

Un rincón se vuelve entonces un horizonte,

se tiñe de dudas y posibilidades.

Basta un gesto, una mirada, ese silencio sepulcral que casi inunda,

y el siguiente aliento se va

con la ironía de la tarde.

Así se vuelve a habitar el trozo de cielo que corresponde,

ese coqueto pedazo, guardado en la memoria, de cuando todo era risa.

Hilvanar pausas, para superar los intentos frustrados de ser correspondida,

hilvanar excusas, para dotar de sentido a la mirada esquiva y cobarde.

Aparece vestido de gala un ruido efímero

que pretende distraer con sus dotes de donjuan

del silencio sepulcral que acompaña la caída.

Va, venga, va. Vamos construyendo la trincherita.

La casita de muñecas

con pedazos de vida, con retazos de encuentros,

con el hilo que sostiene y salva.

Una y otra vez, como un parpadeo lujurioso,

como la sombra hambrienta,

como el quejido ancestral, antiguo e involuntario,

que te marca el ritmo, y solemnemente y sin avisar, te acompaña,

rotundo.
 Junio 2017. Escrito para  #espacioänima

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