azuleslaboca

 

Hasta la esquina recóndita          doblada,

hasta el rincón luminoso         polvoriento,

hasta los recónditos codos,

las ínfimas muñecas,

las diminutas ideas que se quedan en las uñas.

Desentiérrate la carne.

Hipnotízate de rojos el fondo de tu vaso,

hasta los bordes del enredo de tu pelo,

hasta los botones de las mangas de tu piel,

los infinitos huecos,

las vastas orillas de tu risa

que se queda plasmada en las aceras,

en aquellas grietas de la palma de la mano

que son las de tu calle.

Embriágate de azules la boca de tu copa,

hasta el conjuro de arrugas,

el hechizo en tu vientre-ventana,

donde vive la promesa absurda,

esquinada, polvorienta, enterrada.

Y que irrumpa y rompa el silencio,

y que levante sus manos brindando,

y que salga como cualquier sol de madrugada

a pasear generoso entre galaxias perdidas,

sin darse cuenta de cómo acaricia el suelo,

en un abrir y cerrar de ojos que es un misterio,

de esos que se entregan involuntariamente

en el espacio entreabierto entre un suspiro

y otro,

y otro.

 

 

– De la serie “Desnudarse el Nudo” – 2006 Natalia Barraza

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