Entera

Dejo el detergente.
Una urgencia de vida, una nostalgia de abrazo,
un olor a óxido y un suspiro, me hacen pensar:
tengo que estar en otro lado.
Aquí no. O eso parece.
Venga, un plato más,
ahora que has empezado no vas a dejar esto a medias.
Y si me voy? Y si largo todo y canto?
Que pasa si ahora salgo a la calle y doy una vuelta.
y regreso luego a casa, toda yo -entera y media-

como si hubiera revolucionado el mundo.

Dale, déjate de tonterías y sigue lavando.
Pero que no estoy aquí, no estoy,
soy al menos quien siente esto,
soy los zapatos que salen a caminar,
o el lápiz que escribiría esto.

Cuanta fortuna la de sentir, la de poder elegir.

Soy una más con la prisa de la mañana, con la ropa por doblar,

con el trabajo que sobra, las ideas brillantes y el dinero que no alcanza.

Pero cuánta elasticidad en la materia
para hacer que nunca falte nada y a pesar de todo!

Pero cuánta retórica en una frase de unas cuantas palabritas!

Soy una más con las dudas de la tarde y el pelo suelto,
con el sulfito del vino del fin de semana dando vueltas aún en martes,

con la necesidad, alguna de ellas,
pero sin tiempo para saber de cuál se trata.

Pero cuántas ganas de bailar no olvidadas y esperando,
cuántas lecciones de filosofía inauditas
se esconden en los pliegues de la ropa

que a veces logro poner en el cajón que corresponde.

Antes pensaba ganar la carrera contra mis propias expectativas,
antes creía que llegaría muy lejos, pero no sé de dónde.
Antes consideraba que lo normal no era fantástico,

antes esperaba a que iba a ser algo que no soy.

Quería que una parte de mi fuera más valiente que ésta a la que he llegado,
ésta que se levanta cualquier día a las cinco de la mañana
para calmar una tos o volver a poner la manta en su sitio o

para ir a trabajar al teatro, sólo por que no sé si se repetirá jamás.

Quería que una parte de mi fuera más bella y atractiva que ésta,
llena de arrugas, redondeces y cosas sin simetría alguna,

que son tan únicas que al final me han acabado gustando.

Quería que una parte de mi fuera superior a mi
y que me llevara por el camino del éxito,
pero no sabía que éste existía,
no conocía el éxito del que ahora gozo,
mucho más relevante de lo que imaginaba,
que es el de saber mirar a los ojos a mis hijos
y sentir que “saben sentir” que lo único que me importa es esta mirada.

Quería que, pensaba que, imaginaba que.
Creía que tenía que llegar a algún lado.

Y ahora?

Con esta valentía que como mucho me permite un concierto de vez en cuando.
Con esta osadía que sale a toda costa a la aventura de comprar ropa
acompañada de los hijos que me quepan en la bicicleta.
Con esta belleza relativa que no atrae si no coincide
con otras hermosas geometrias redondas y asimétricas,
que están en las mismas y se reflejan en la risa, las carencias,
la mirada cómplice de cuanto nos resuena y se puede compartir.

Y ahora?

Que oportunidad ésta de desconocerme,

la de no saber la respuesta, la de no tener claro cómo hacerlo.

Que grande ser tan pequeña, tan igual y semejante

a estos otros animales con ropa que van por ahí
presumiendo de saber respirar como yo.

Que bien que puedo dejar la armadura de defensas fuera,
y de paso quemar todos esos contratos que un día hice conmigo misma,
de esos que decían que todo sería fantástico cuando creciera y tuviera familia,
y de paso quemar también el duelo que acompaña

a eso de dejar de pretender nada.

Que agradecimiento más grande siento
de toda esta vida implacable y desnuda.

Que maravilla la de no tener más argumentos para quejarme.

Apelo a nuestra estupidez, al menos a la mía,
para desde allí respetar el error,
la equivocación, la falta de tacto, la inocencia,

el miedo que sólo es desconocimiento.

Apelo a nuestra necesidad de ser amados, al menos la mía,
para desde allí entender por qué necesito que me respondas si te pregunto,

que me escuches si opino, que te sea relevante el coincidir, el encontrarnos.

Apelo a nuestras ganas de amar, al menos a la mía,
la defiendo, para desde allí aceptar por qué busco, por qué te necesito,
así sé que ya no hago nada sin ti,
sin el otro y la otra, los demás,

que somos bichos de relación, de vínculos.

Equivocándonos,
sorprendidas porque no lo esperábamos,
enfadadas porque no era lo que pensamos,
aturdidas porque no llegamos a todo,
tristes porque es diferente, porque se nos va el tiempo,
abiertas porque solo nos queda el entendimiento,
conciliadoras porque nos necesitamos,
comprensivas porque estuvimos alguna vez del otro lado,

amables porque sabemos amar más allá de lo que creemos saber.

Deja el detergente y los platos, míralos allí tan tranquilos.
La urgencia de vida también nos mira a los ojos.
El abrazo siempre será bienvenido,

y si no, que bien que lo demos igualmente,
hasta que tenga sentido,
sin lugar a dudas.

El olor a óxido al final se mezcla

con la opción reconfortante de la ventana abierta.
Puedo elegir.

Un suspiro nuevo, me hace pensar:

estoy aquí, no en otro lado. O eso parece.
Que afortunada!

Y ahora empieza todo. Todo el rato hacia cualquier parte.
Sólo sé que no voy a dejar esto a medias.
Voy a bailarlo, a sentirlo, a vivirlo.
Entera

Natalia Barraza – de la serie ” Lo que queda” – 2017

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4 comentarios sobre “Entera

  1. Brindo por lo pequeño, lo denso, lo gastado de tan repetido, pero todo, entero, vivo. Como este sincero y poético regalo mujer luciérnaga.
    Me he visto en muchos rincones de tu canción. Un placer amiga.

    Me gusta

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